Lo que la Alameda dirá de nosotros

La Alameda, usando las palabras del poeta Octavio Paz, ha sido un testigo insobornable de la historia de Chile. Eso significa que lo que hacemos en ella no es indiferente ni pasajero. Lo que hacemos deja huella y trasciende y hablará por nosotros, como un testigo incorruptible que siempre dirá la verdad sobre nuestro actuar.

Trabajar en esta avenida, que este 7 de julio conmemora sus 208 años de existencia con una intervención cultural y patrimonial, tiene un significado profundo para nuestro gobierno regional. Siempre decimos que, si somos capaces de hacerlo en la Alameda, lo podemos hacer en cualquier lado, porque levantar proyectos como Nueva Alameda -para revitalizar el eje más importante de la ciudad- requería de muchos acuerdos, de mucho compromiso y si queríamos ahorrarnos problemas y dolores de cabeza, era mejor hacer otra cosa y seguir con la lógica del archipiélago. Pero eso no es lo que se merecen los chilenos. Los chilenos se merecen proyectos ambiciosos, que busquen cambiarle la cara a la ciudad y que mejoren la vida de las personas.

La Alameda encarnó esa idea. Primero fue La Cañada de San Francisco (porque estaba pegada a la iglesia homónima), luego pasó a ser el lecho de un brazo del río Mapocho, un vertedero, un sitio de animales muertos y más adelante, Bernardo O'Higgins, en un acto político, la nombró brevemente "Campo de Libertad Civil", antes de pasar a llamarse "Alameda de las Delicias" y hoy, simplemente, Alameda.

Fue Benjamín Vicuña Mackenna quien transformó esta avenida en un paseo de alta sociedad, en un espectáculo de obras, monumentos y naturaleza, en un sitio predilecto de artistas que la plasmaron en sus obras. Sin duda, esto contribuyó a su estatus actual y es imposible no inspirarse en su figura para proyectos de la envergadura de Nueva Alameda, que contemplan nuevas áreas verdes, cruces peatonales, ciclovías de calidad mundial, limpieza de fachadas y mejoras en seguridad y espacio público.

Porque, ¿de qué sirve una gran avenida si la dejamos abandonada a su suerte? La Alameda nos necesita tanto como nosotros a ella.

Por supuesto, no todo ha sido flores y rosas. Con el siglo XX, la explosión demográfica y la masificación del automóvil, la Alameda cambió radicalmente. Llegaron los semáforos, los cruces peatonales, se ensancharon algunos de sus tramos y su ritmo pasó del paseo dominical al vértigo del motor. Y ni hablar de las antiguas micros amarillas, que convertían a la Alameda en una vía frenética y caótica.

Hoy, nuestro proyecto Nueva Alameda lleva 70% de avance y es mucho más que obras y limpieza, es reactivación de barrios con mercados y cultura, es la red Alameda Cultural con 52 instituciones, es una oferta permanente de grandes eventos deportivos y culturales como el Maratón y corrida Gana Santiago, el desafío ciclístico de Santiago o Santiago te amo.

Hemos aprendido de lo virtuosa que es la relación entre renovación urbana, limpieza, emprendimiento, cultura y seguridad para revivir la ciudad. Queremos seguir la senda de Vicuña Mackenna y devolverle su estatus de encuentro, de paseo, de lugar de descanso, para que así, en cien años más, cuando la Alameda sea testigo insobornable de nuestro actuar, nos podamos sentir orgullosos de lo que hicimos por ella.