Inclusión para crecer

Al igual que desde hace años, el pasado 25 de marzo se realizó el “Asa’o de Emprendedores”, importante y muy concurrido encuentro en que se reunieron más de mil micro, pequeños y medianos emprendedores, que esencialmente tienen en común que sus emprendimientos son para desarrollar proyectos innovadores, muchas veces asociativos y en la más amplia diversidad de ámbitos.

Es una fecunda instancia en la que se conocen y reconocen, se incentivan y promueven sus productos, servicios y procesos con generosidad.

Ahí tuve la oportunidad de exponer respecto de Inclusión, y de cómo es necesario que todos, desde el menos poderoso hasta el con más recursos, en todas las instituciones, organismos, empresas, etc., podemos hacer mucho más.

Cada uno de los que estaban ahí eran un ejemplo: partieron o están partiendo desde condiciones de gran precariedad, con pocos recursos tanto monetarios como de equipamiento. Con muy limitado acceso – e incluso el desconocimiento – de condiciones que les permitieran desarrollarse.

Pero gracias al especial ingenio y creatividad que podían aportar, legítimamente aspiraban a lograr mayor desarrollo, a incrementar sus ingresos y entregar más bienestar para sus familias y al país. Y lo están consiguiendo.

En esas condiciones, por las vivencias que han tenido, cuando las ideas y ganas estaban y no había como desarrollarlas, cuando veían que casi nadie estaba dispuesto a ayudarles, cada uno aprendió que aunque sea con un grano, se pueden aportar y generar condiciones para ayudar a surgir. Todos conocieron dolorosamente la marginación, que no se les creyera, que hubiera más que dudas de su capacidad.

Ellos, que vivieron graves dificultades e impedimentos, hoy pueden, y desde todo punto de vista, por la responsabilidad social que a cada uno nos corresponde, deben acoger a otros que tienen dificultades mucho más graves a las que conocieron y su nivel de marginación es aún peor.

Son los más necesitados, son aquellos a los que se segrega porque además tienen diferencias físicas o de intelectualidad, o porque por su condición étnica, sexual, social, etaria, etc., se les hace enormemente difícil encontrar trabajo o partir con un emprendimiento, aunque tienen las capacidades para surgir.

Estos marginados, en realidad, excluidos, tienen las ganas, tienen las condiciones y merecen tener oportunidades. Es de justicia hacerlo, somos todos personas.

A mayor abundamiento, está comprobado que vivir la inclusión promueve el trabajo en equipo, genera un mayor compromiso con los valores, mejora la reputación corporativa y nos abre a convivir con la diversidad. Nos hace mejores a cada uno y a todos.

La diversidad aporta nuevas visiones y enriquece. Todos podemos ayudar para que terminemos antes con esta marginación, haciendo un esfuerzo directo, efectivo, por acoger. Porque la discriminación terminará en el futuro, el ser humano y nuestra convivencia nos llevan a ello. La inclusión y la bondad, aunque mucho se cuestione, son propias de nuestra naturaleza, finalmente prevalecen.

Hasta en los más pequeños emprendimientos hay cabida para todos. Para integrar a aquellos a los que hoy no se considera sólo por injustificada discriminación. Debemos producir la apertura que permita que todos seamos acogidos por los méritos y capacidades, sin importar las condiciones físicas, sexuales, de origen.

Hagamos que la próxima vez que se deba incorporar un colaborador, que haya la posibilidad de estimular un nuevo emprendimiento, nos esmeremos para que sea para aquellos que hoy no son considerados.

De esta forma nos vamos enriqueciendo, consolidando un mejor espacio de trabajo, un mejor país, creando ambientes en que efectivamente convivamos para el beneficio de todos. 

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Edición
Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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