El cambio climático, la disponibilidad de agua, la necesidad de producir de manera más sostenible y las nuevas exigencias de los mercados, nos obligan a buscar respuestas distintas y a acelerar la incorporación de conocimiento y tecnología en el campo. A través de mi trayectoria profesional, he podido comprobar que los desafíos pueden ser muy diferentes entre territorios, pero existe una necesidad común: que la ciencia se transforme en soluciones concretas para quienes producen.
Nuestro objetivo como Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA) es claro: promover la competitividad y sostenibilidad del sector agroalimentario con innovación, la ciencia aplicada, la extensión y la transferencia. Para lograrlo, necesitamos también modernizar nuestra propia institución, hacer más eficientes nuestros procesos y fortalecer nuestra capacidad de responder con rapidez a las necesidades del sector productivo.
A veces existe la percepción de que el conocimiento generado por los centros de investigación no alcanza al productor. Sin embargo, existen experiencias concretas donde la ciencia ya está entregando respuestas. Un buen ejemplo es nuestra Red Agrometeorológica que se extiende a lo largo de Chile, y que integra estaciones de INIA con estaciones privadas y de la Dirección Meteorológica de Chile. El valor de esta información está en la posibilidad de generar alertas tempranas, modelos predictivos y herramientas para apoyar decisiones prácticas de los agricultores, además de contribuir al trabajo del Ministerio de Agricultura en materia de riesgo agroclimático.
Por otro lado, hoy es posible contar con tecnologías que permiten determinar el nivel de madurez de los arándanos, desarrollar herramientas asociadas a fertilización y bioinsumos, y preparar nuevas aplicaciones para entregar información climática de manera más oportuna.
La transformación tecnológica también nos lleva inevitablemente a hablar de inteligencia artificial (IA). La IA abre enormes posibilidades para la agricultura y en INIA estamos trabajando tanto en establecer criterios para su utilización institucional, como en explorar sus aplicaciones en el ámbito agropecuario. Podemos pensar, por ejemplo, en sistemas capaces de procesar imágenes para monitorear ganado en sistemas extensivos, o en herramientas que permitan transformar grandes volúmenes de información climática en datos útiles para la toma de decisiones.
Nuestra Red Agrometeorológica genera información cada 15 minutos, pero el desafío ya no es solamente disponer de datos, sino ser capaces de procesarlos y entregar aquello que realmente necesita un agricultor, y la inteligencia artificial puede ayudarnos a hacerlo con mayor efectividad.
Pero hay algo que debemos tener siempre presente: la tecnología no reemplaza el conocimiento ni el criterio humano. La IA puede procesar, identificar patrones y acelerar procesos, pero siempre necesitaremos profesionales capaces de interpretar sus resultados y tomar decisiones responsables.
De esta forma, modernizar la agricultura no significa solamente incorporar tecnología, significa conectar mejor el conocimiento con las necesidades reales del territorio. Chile tiene capacidades científicas, productivas y humanas para enfrentar este desafío, y desde INIA queremos contribuir a esa tarea fortaleciendo nuestra investigación, modernizando nuestra gestión, trabajando junto al sector público y privado y, especialmente, escuchando a quienes están en el campo.
La innovación adquiere verdadero valor cuando deja de ser una promesa y se convierte en una herramienta que permite producir mejor, adaptarse a los cambios y tomar decisiones más oportunas.
Ese es el desafío que tenemos por delante: que la ciencia no se quede en el laboratorio, sino que llegue y se transforme en oportunidades para una agricultura chilena más sostenible, competitiva y preparada para el futuro.