Ajuste fiscal y la protección de las oportunidades educativas

La reciente filtración de una circular emitida del Ministerio de Hacienda ha generado alerta respecto al corte de presupuestos en diversas áreas dependientes del Estado. Las trayectorias educativas no están exentas de esta discusión y es precisamente ahí donde resulta urgente detenerse: en las necesidades de las y los estudiantes que viven en contextos de mayor vulnerabilidad.

La última encuesta Casen dio cuenta de una brecha que sigue siendo profunda: solo 14% de las personas pertenecientes al quintil de menores ingresos cuenta con Educación Superior completa, en contraste con el 70% del quintil de mayores ingresos. Estas diferencias estructurales refuerzan la importancia de potenciar programas y beneficios concretos que permitan reducir brechas y crear nuevas oportunidades para millones de estudiantes.

Durante seis años, en Sembrando un Sueño hemos acompañado procesos educativos para mejorar la expectativas de ingreso a la Educación Superior. Centrándonos en primero y segundo medio, nuestros beneficiarios han demostrado que el acceso a la ESUP no comienza con la postulación. Es un camino largo que requiere información oportuna, acompañamiento, condiciones materiales adecuadas y el desarrollo de habilidades que permitan a las y los jóvenes reconocer sus talentos, capacidades e intereses.

Nuestro trabajo nos ha permitido identificar las principales dificultades y necesidades de los estudiantes en sus establecimientos. Condiciones materiales concretas, pero también emocionales y familiares. En ese sentido, programas como Junaeb, que ha logrado beneficiar a más de 1.800.000 estudiantes, cumplen un rol fundamental no solo en la experiencia escolar, sino también en el alivio de los bolsillos de miles de familias.

Lo mismo ocurre con el Programa de Acceso a la Educación Superior (PACE). A 10 años de su implementación, ha acompañado a más de 460 mil estudiantes de Enseñanza Media a nivel nacional. Su aporte no solo se limita a favorecer el acceso a las instituciones de Educación Superior, también demuestra la importancia del trabajo formativo que se debe hacer durante la enseñanza media para garantizar la posterior permanencia en las instituciones.

Según datos recientes de la Subsecretaría de Educación Superior, más del 81,6% de los estudiantes habilitados PACE permanece en sus carreras luego del primer año, superando el 76% de la cohorte general de 2022, lo que demuestra el impacto de este programa.

La experiencia acumulada durante estos años nos ha demostrado que las y los estudiantes sueñan con futuros diversos. Sin embargo, existe una profunda desinformación sobre los beneficios disponibles, los requisitos de acceso y las posibilidades reales de continuidad de estudios. Resolver esta principal problemática necesita de instrumentos, programas y conocimiento sobre sus contextos.

Toda política pública puede y debe ser evaluada, repensada y perfeccionada. Pero al momento de tomar decisiones, cualquiera sea su orientación, deben considerarse medidas paliativas que reduzcan los riesgos para las personas. Y, al mismo tiempo, saber reconocer y valorar el impacto, oportunidades y logros que estas han alcanzado a lo largo de los años.

Reducir la incertidumbre es clave. Sentir que el mundo no se viene encima, o al menos que ese peso se aliviana, puede cambiar profundamente la forma en que una familia enfrenta su cotidianidad.

Que ahorrar no sea a costa de quienes tienen menos. El desarrollo social y el progreso del país dependerán, en buena medida, de las oportunidades que sigamos entregando a miles de jóvenes en Chile. Porque proteger sus trayectorias educativas no es solo cuidar su presente: es también sembrar las condiciones para que sus sueños, talentos y proyectos de vida puedan hacerse realidad.