Durante décadas, las ciudades crecieron con una lógica simple frente a los desafíos por resolver: cada problema tenía un responsable distinto. Es así como la seguridad era tarea de la policía, el desarrollo económico del municipio, la innovación de las universidades y la convivencia de las organizaciones comunitarias. Sin embargo, los desafíos urbanos del siglo XXI demostraron que esa fragmentación simplemente ya no funciona.
Las ciudades más exitosas del mundo lo comprendieron y comenzaron a desarrollar una nueva herramienta de gestión territorial: los distritos.
Lejos de ser una simple delimitación geográfica, un distrito es una gobernanza colaborativa que reúne al sector público, privado, academia y comunidad para resolver desafíos concretos en un territorio específico. Ya podemos encontrar distritos de innovación, seguridad, cultura, logística, tecnología, turismo y economía creativa en ciudades como Barcelona, Medellín, Boston y Melbourne.
Lo interesante de estos ejemplos es que los distritos nacieron para resolver problemas puntuales en estas ciudades, pero terminaron transformándolas completamente.
Uno de los casos más estudiados es el distrito de innovación 22@ de Barcelona. Lo que antes era un sector industrial deteriorado del barrio Poblenou se convirtió en uno de los polos tecnológicos más importantes de Europa, atrayendo empresas desde distintos países, universidades, centros de investigación y talento internacional. Veinticinco años después, sigue siendo citado como referencia mundial de regeneración urbana basada en conocimiento.
La evolución ha sido consistente en distintos continentes: los distritos permiten concentrar recursos, acelerar decisiones y generar una identidad territorial capaz de movilizar inversiones y colaboración.
La lógica es sencilla: mientras una ciudad completa puede ser demasiado grande para lograr coordinación, un distrito tiene una escala donde los actores relevantes pueden sentarse en una misma mesa y ejecutar proyectos concretos, más allá de los tiempos políticos.
Chile recién comienza este camino, pero la buena noticia es que ya ha comenzado y tenemos los primeros ejemplos de esta estrategia implementada en ciudades del mundo. Me tocó ser parte del equipo profesional que impulsó el inicio del ejemplo más avanzado que tenemos, el Distrito Empresarial Renca Poniente. Este distrito es reconocido como el primer Business Improvement District (BID) industrial del país. Enfocado en articular empresas, municipio y organizaciones locales para abordar seguridad, infraestructura, movilidad y calidad urbana en una de las zonas productivas más relevantes de la Región Metropolitana.
Más de 30 empresas están participando actualmente de este distrito que abarca cerca de 450 hectáreas productivas. La experiencia ha sido reconocida por el municipio y los actores participantes como una innovación institucional para la gestión territorial y aunque el trabajo está asociado principalmente a seguridad, el verdadero aporte del modelo es haber creado gobernanza donde antes existían intereses dispersos.
Aquí, el desafío es comprender que los distritos no son exclusivamente herramientas para implementar acciones de seguridad y combatir la delincuencia. Si bien este puede ser el interés movilizador para su creación en el corto plazo, los distritos más exitosos del mundo se hacen cargo simultáneamente de los desafíos asociados a percepción de seguridad, desarrollo económico local, revitalización de espacios públicos, atracción de inversiones, innovación y emprendimiento, empleo y capacitación, sostenibilidad urbana e identidad territorial.
En la Región Metropolitana ya se está explorando esta visión promoviendo el programa Distrito Co. que impulsa una red de distritos comerciales en 10 polos de la región orientados a fortalecer economías locales mediante modelos de colaboración territorial. Y en la Región del Biobío se avanza en el diseño del Distrito de Innovación iD3, concebido para conectar empresas, startups, universidades, inversionistas y centros tecnológicos en un ecosistema de innovación regional.
Pero los distritos no son una solución mágica, por lo que las iniciativas que se están gestando en nuestro país deben poner atención a las amenazas que existen en torno a un distrito.
A nivel internacional, las experiencias fallidas muestran cuatro riesgos que han sido recurrentes en iniciativas que nos permiten aprender de los errores. Una dependencia excesiva del liderazgo político es uno de los riesgos que aparece cuando cambia la administración municipal. Se requiere entonces una institucionalidad sólida para trascender en la voluntad de colaboración. En esta misma línea, está la amenaza de que el distrito sea capturado por los intereses particulares de un solo actor, público o privado, perdiendo con ello total legitimidad y con ello, la capacidad transformadora.
Otra amenaza se presenta cuando un distrito tiene éxito y eleva los precios del suelo, terminando por expulsar a quienes originalmente habitaban el territorio. Entonces lo que comenzó como una herramienta para la integración, termina generando exclusión. Y cuando de éxito económico se trata, una amenaza real es cuando el mismo éxito logra atraer nuevas inversiones al territorio, pero éstas, no generan beneficios para los residentes locales, ampliando brechas en lugar de reducirlas.
Aquí tenemos una ventaja y una responsabilidad. La ventaja está en aprender de décadas de experiencias internacionales, recogiendo tanto los éxitos como los fracasos. Mientras la responsabilidad está en no repetir los errores que fueron reconocidos y que por tanto llaman a construir institucionalidad que trascienda los ciclos políticos, evitar que un solo actor capture el modelo y garantizar que el desarrollo generado por medio del distrito, beneficie también a quienes ya habitaban el territorio antes de que llegara la inversión.