En las bases del Concurso Fondecyt de Postdoctorado 2027, en el listado de las 10 áreas prioritarias definidas para el país, la palabra "cultura" aparece exactamente una vez. Aparece así: "narco cultura", en el área 10, entre el crimen organizado y el narcotráfico. No estoy haciendo una lectura maliciosa del texto; es una observación. En el documento que define tácitamente hacia dónde debe orientarse la formación de los investigadores postdoctorales en nuestro país durante los próximos años, la cultura solo existe como objeto policial.
Ninguna de esas 10 áreas prioritarias corresponde a las humanidades, y las dos que podrían haber acogido algo del mundo social lo reducen a una función instrumental. La educación entra en el área 9 solo como "educación técnico-profesional", "aprendizaje basado en el trabajo", "reconversión laboral" y "micro credenciales"; así, la educación para nuestro MCTCI no es un fin, sino una tubería hacia el mercado. El resto es ingeniería, minería, acuicultura, satélites y computación cuántica: cosas valiosas, ninguna de ellas discutible en sí misma. El problema no es lo que está en la lista, sino lo que esta revela sobre quien la escribió.
Sobre ella opera el numeral 9.1, origen de la controversia: la agencia "podrá destinar hasta un 70% de las adjudicaciones del concurso" a proyectos de esas áreas. Conviene precisar dos cosas. Ese 70% es un techo para las áreas prioritarias, pero no hay piso para las demás: el 30% restante se adjudica por nota, y ahí también compiten los proyectos prioritarios, de modo que el porcentaje mínimo garantizado a las humanidades es cero. Y se aplica al concurso completo, no a cada Grupo de Evaluación, por lo que el Área Ciencias Sociales, Artes y Humanidades puede quedar sin adjudicaciones sin que se infrinja regla alguna.
Hay algo más delicado de carácter procedimental. El numeral 8.2 fija los únicos factores calificables: calidad, factibilidad y novedad de la propuesta (80%) y trayectoria del postulante (20%). La pertinencia respecto de las áreas prioritarias no está ahí. Aparece en el 8.1.5, como una revisión adicional del grupo evaluador, y en el 9.1 como "insumo" para la ANID en la decisión de adjudicación. Existe entonces un criterio decisivo que no tiene ponderación publicada, que no se califica en la escala de evaluación y que, por lo mismo, no puede discutirse en su mérito ante nadie. Un proyecto puede obtener una mejor nota final que otro y perder por una razón que nunca fue calificada. Eso no puede llamarse propiamente una "focalización estratégica", porque más bien se presenta como una decisión sustraída del escrutinio.
Pero el problema de fondo no está en el 70%, que es apenas su expresión presupuestaria. Está en la definición. El numeral 2.3 reconoce solo dos áreas posibles: "Ciencia", búsqueda sistemática de nuevos conocimientos, y "Tecnología", creación de medios de producción de bienes y servicios. Y el 2.19 define la misión de la Subdirección de Proyectos como fortalecer un modelo de investigación "motivada por la curiosidad y con foco en áreas estratégicas", sin advertir que lo segundo anula a lo primero. El ministerio se llama de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación. Sus bases no tienen ninguna categoría operativa para el conocimiento que no sea la ciencia experimental o la tecnología.
A mi juicio, aquí está el punto dolens. No es que las humanidades hayan quedado fuera de las prioridades de la ciencia: es que se decidió de antemano qué cuenta como ciencia. Ha habido una usurpación semántica, en la que un conjunto específico de disciplinas se apropió del término como si su método particular fuera el único legítimamente científico. Las humanidades no necesitan ser incluidas en la ciencia: son ciencia por derecho propio, desde su origen y por su naturaleza epistemológica. La ciencia es una sola, una indagación sistemática, crítica y rigurosa de lo real, con independencia de su objeto y de sus métodos. La exclusión presupuestaria es consecuencia de una decisión epistemológica previa, no al revés. Y esa decisión nunca se discutió.
La ceguera también asoma en los detalles. El numeral 4.1 declara inadmisibles los proyectos de catálogos, inventarios, ensayos y traducciones, que en filología, patrística o historia no son actividades accesorias sino investigación primaria. Y el Anexo 3 excluye los artículos indexados en ESCI, castigando a buena parte de las revistas chilenas, mientras el preámbulo exige del investigador "un arraigo suficiente y necesario en el país". Se asoma, entonces, una contradicción: el arraigo de la persona, la penalización del arraigo de la obra.
Quienes hacemos teología estamos acostumbrados: la palabra no aparece ni una vez en las bases, y postulamos en el grupo de Filosofía, o en Historia, según convenga. Nos hemos habituado. Pero un país desarrollado es precisamente el que puede permitirse grupos de estudio ad hoc para disciplinas que en otras latitudes nadie considera exóticas.
Veo en esto la paradoja que acosa a los países no desarrollados como una herida que no sana. Priorizar el enriquecimiento material, prescindiendo de la pregunta por el sentido, termina empobreciendo aquello mismo que se pretendía enriquecer. La cohesión social, la confianza en las instituciones, la capacidad de deliberar, la razón por la que vale la pena que a un país le vaya bien: nada de eso se produce con capital humano avanzado en semiconductores. Si vamos a hablar el idioma de la productividad, digámoslo en ese idioma: la producción de sentido es una de las productividades indispensables de un país y la que ordena a todas las demás. El "para qué" precede al "qué". Pero ninguno subsiste sin el otro, y por eso lo que corresponde reclamar no es un trato preferente, sino el equilibrio.
Sospecho que en esto no hay mala fe, sino horizonte. Si quienes definen las políticas tienen trayectorias formadas en empleabilidad y contratación por habilidades, se explica bien por qué el anexo imagina la educación como reconversión y las humanidades, en el mejor de los casos, como una salida para quienes saben escribir prompts. Explica también aquello del estudio que termina en "un libro precioso, empastado, en la biblioteca", que es la versión coloquial de lo que estas bases reflejan en lenguaje jurídico. Que sea horizonte y no descuido hace todo más preocupante, pues refleja una visión del mundo, no una torpeza en la redacción de las bases.
Queda algo que no es menor: todo esto se hizo mediante un anexo administrativo. La reorientación del principal instrumento de formación posdoctoral del país se resolvió en un documento concursal que abrió el 31 de julio y cierra el 27 de agosto, sin que las bases den cuenta de consulta alguna. No hubo debate, no hubo reflexión de los Grupos de Estudio. Hubo un anexo.
Un Estado que en su listado de prioridades solo reconoce la cultura cuando va precedida de la palabra "narco" ya renunció, sin notarlo, a explicarse por qué habría que combatirla. Un país no se empobrece por financiar libros. Se empobrece cuando deja de saber decir para qué querría leerlos.
Nota sobre el uso de IA: Para el análisis y la síntesis de las Bases Concurso Fondecyt de Postdoctorado 2027, se contó con la asistencia de una herramienta de inteligencia artificial (Gemini Notebook). La herramienta fue utilizada para la identificación de conceptos específicos (como la noción de cultura en el texto) y para organizar la información relativa a los impactos presupuestarios y las áreas prioritarias del concurso. La interpretación final y la redacción de esta columna son responsabilidad exclusiva del autor.