Hay decisiones que no se ven cuando se toman y se echan de menos cuando ya es tarde. Entre octubre y diciembre, en 11 regiones de Chile, cerca de 10 mil personas saldrán a construir cortafuegos, limpiar bordes de camino y retirar vegetación seca en torno a viviendas y sectores habitados. Ninguna de esas jornadas aparecerá en un noticiario. Todas ellas, sumadas, pueden cambiar el resultado de un verano.
La temporada pasada dejó cifras que podrían invitar a la calma: 5.131 incendios forestales, 18% menos que el período anterior, y 78.606 hectáreas afectadas, una reducción de 14%. Pero los promedios esconden lo esencial. Entre el 17 y el 27 de enero, una emergencia de alta complejidad golpeó a Ñuble, Biobío y La Araucanía, con incendios como Trinitarias, que arrasó 13.872 hectáreas. La tendencia de fondo no es que haya menos fuego: es que el fuego que hay se comporta de manera más extrema, más rápida y más simultánea, y encuentra cada vez más personas e infraestructura en su camino.
A ello se suma lo que anticipa este verano: las lluvias abundantes del invierno hicieron crecer el pastizal, y ese pasto, seco en enero, es el vector más veloz del fuego. Por eso se ha dispuesto el Programa de Empleo para la Prevención y Mitigación de Incendios Forestales, con 9.480 puestos de trabajo entre Atacama y Los Lagos y una inversión superior a los 9 mil millones de pesos. Para dimensionarlo: en esta época del año, Conaf contrata habitualmente entre 2.000 y 2.500 personas para estas labores. Esta vez serán casi cuatro veces más.
Y no se trata de un esfuerzo aislado. Lo que estamos haciendo es converger instrumentos que hasta hace poco corrían por carriles separados. Un programa de empleo, concebido como herramienta social frente a la cesantía, pasa a operar también como herramienta de protección. El presupuesto se anticipa para que el calendario del Estado se ajuste al calendario del fuego, y no al revés. Y las brigadas de combate adelantan su entrada en operación, disponibles semanas antes de lo previsto.
Los cupos se concentran donde el peligro es mayor: 2.190 en La Araucanía, 1.500 en el Biobío y 1.000 en Ñuble; cerca de la mitad del programa en las tres regiones que enfrentaron la emergencia de enero. Y el trabajo se ejecutará en la interfaz urbano-rural, ese borde cada vez más habitado donde las viviendas se mezclan con la vegetación.
Esto es, en rigor, el primer cortafuego. No el que se abre con maquinaria en el cerro cuando el fuego ya viene, sino el que se construye meses antes, con decisiones tempranas y trabajo humano. Y protege en dos direcciones: para las familias que reciben estos empleos, es un ingreso digno en meses que suelen ser difíciles; para las comunidades donde se ejecutan, es una capa de resguardo que antes no existía. Quien corta el pastizal seco al borde de un camino no está haciendo un trabajo simbólico: está retirando el combustible que, en un día de viento y con 40 grados de temperatura, puede convertir una chispa en una tragedia.
Quienes quieran participar de este programa de empleo deben ser mayores de edad, estar cesantes e inscribirse en la Oficina Municipal de Información Laboral de su comuna.
En columnas anteriores he advertido lo que enseña el Hemisferio Norte: cuando todos los sistemas se saturan al mismo tiempo, el auxilio externo escasea y cada país debe resolver con lo propio. Esto es precisamente eso, capacidad propia instalada a tiempo. Porque la prevención tiene una ventana estrecha, y esa ventana es ahora: un cortafuego abierto en diciembre llega tarde; el mismo trabajo hecho en octubre puede cambiar una temporada completa.
Prevenir no es un gesto: es una operación. Exige planificación, presupuesto, coordinación entre programas y una definición precisa de dónde y cuándo actuar. Pero sobre todo exige personas. Cada peso invertido en prevención evita cerca de cuatro en pérdidas, y ese cálculo ya es conocido. Lo que no aparece en ninguna planilla es el otro retorno: casi 10 mil personas que esta primavera trabajarán protegiendo el lugar donde viven, junto a sus vecinos. Ese es el primer cortafuego, y también el más importante.