Cada 18 de agosto, Chile conmemora el Día de la Solidaridad en honor a san Alberto Hurtado. Esta fecha es un recordatorio de aquella frase tan nuestra: "La solidaridad parte por casa". Sabemos bien que esa casa no es solo el hogar físico, es la escuela donde nuestros hijos aprenden, la oficina donde trabajamos, el barrio donde vivimos, la comunidad que nos acoge. La solidaridad se inicia en nuestro hogar y, como una espiral, se contagia y se va expandiendo.
La pregunta que queremos dejar y reflexionar para este Día de la Solidaridad es si ¿hemos cruzado la puerta de nuestra casa para vernos encontrarnos con el otro y brindarle nuestro apoyo?
La buena noticia es que en Chile estamos retomando cifras pre pandémicas. La Encuesta Nacional de Voluntariado y Solidaridad 2025 de Fundación Trascender reveló que el 30,3% de la población ha participado en acciones de voluntariado en los últimos meses, una cifra que cuadruplica el 7% registrado en 2006. Los jóvenes de 18 a 29 años lideran con 41% de participación, seguidos por las personas de 65 años o más, con 30,8%. Los jóvenes están diciendo, con hechos, que la solidaridad no es un valor en desuso, sino una práctica en pleno auge.
Pero también hay una deuda: el 47,2% de quienes no participan señala que no sabe dónde ni cómo hacerlo. La voluntad está, pero falta conectar, y ahí radica la importancia de mirar a nuestro alrededor, tejer redes, generar espacios de encuentro y hacer todo esto visible.
Es por eso que el 5 de diciembre celebraremos el Día del Patrimonio Social y del Voluntariado, una iniciativa sostenida por organizaciones de la sociedad civil y empresas; para visibilizar que patrimonio social no son edificios ni monumentos: son las redes de confianza mutua, las prácticas colaborativas y los vínculos, nuestro gran capital a la hora de enfrentar diversas crisis. Dos hitos en nuestro calendario nacional: el 18 de agosto y el 5 de diciembre, nos recuerdan que la solidaridad es una acción que comienza desde lo individual y muchas veces en nuestra casa, pero la suma de estas voluntades se convierte en un movimiento solidario.
Creemos que la solidaridad es una forma de habitar el mundo y una de las tareas de las organizaciones de la sociedad civil es llevar el bien común de una utopía a una práctica cotidiana: el voluntario que asesora a una organización social, la empresa que abre sus puertas para que sus colaboradores se vinculen con el territorio, el vecino que organiza una olla común.
Este 18 de agosto, pensemos en cómo materializar la solidaridad. ¿Está comenzando en casa? ¿Estamos dispuestos a cruzar la puerta? Porque la solidaridad que transforma no se queda en la buena intención: cruza la puerta y se encuentra con el otro. Y en ese encuentro, tejemos la red que nos sostendrá cuando más lo necesitemos.