¿Cree usted en la existencia de Satanás? Es una pregunta que seguramente muchas veces se ha escuchado en conversaciones coloquiales. Y puede haber múltiples respuestas. En mi caso, como cristiano, tengo la certeza de la existencia del "Padre de la mentira y homicida desde el principio", como denominó Jesucristo, con toda justicia, a este personaje.
Pero créase o no en su existencia, igual resulta impactante ver a este siniestro ente en plena acción, en vivo y en directo. Y esto tuvo lugar el día 24 de noviembre en la sede de la ONU en Nueva York. Allí se dirigió al mundo el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, conocido también como el "carnicero de Gaza", el cual habló en tono altanero, desafiante y dramático para victimizar a Israel. Pretendió convencernos de que en Gaza no existe el genocidio que todo el mundo ha podido contemplar en tiempo real, minuto a minuto, desde hace casi tres años.
Se jactó de haber derrotado a Irán y haber destruido sus instalaciones nucleares. Falso. Irán conserva intacto su uranio enriquecido y su poder militar está lejos de colapsar.
Intentó convencernos de que no podía existir genocidio, pues Israel posee "el ejército más moral del mundo". Un reciente documental de dos cineastas israelíes, titulado "Naza", lo desmiente categóricamente. Bajo anonimato, entrevistaron a 24 soldados israelíes, principalmente oficiales de inteligencia. Con la consigna de "no hay inocentes en Gaza", determinaban diariamente los objetivos a abatir, con absoluta frialdad, y con pleno conocimiento de que habría víctimas inocentes, incluso familias completas. Y esto, día tras día, durante casi tres años.
En su reciente estreno en Venecia, el documental fue aplaudido de pie por el público durante 25 minutos, record absoluto para ese festival. Los autores se preguntan, ¿cómo puede un grupo de seres humanos aceptar la completa deshumanización de otros semejantes? Y su propósito declarado era saber cómo luce un sistema de genocidio visto desde dentro y remecer las conciencias en Israel.
Continuó el discurso de Netanyahu destacando su lucha contra el "terrorismo palestino", incluido un truculento relato del ataque de Hamas el 7 de octubre de 2023, con detalles escabrosos que ya fueron suficientemente desmentidos, con el objetivo de justificar el posterior genocidio. Por eso había que repetirlos.
Tuvo también la osadía de jactarse, en una muestra extrema de cinismo genocida, de los buscapersonas reseteados por Israel y repartidos en Líbano, los cuales estallaron sin previo aviso, hiriendo o asesinando a muchos inocentes.
Tratando de desmentir el genocidio, nos dio un idílico relato sobre cómo Israel repartía alimentos y medicinas a los sobrevivientes de Gaza. Pero sus propios ministros lo desmienten. El exministro de Defensa Yoav Galant ya había declarado que habrá un sitio total a Gaza, sin comida, sin electricidad, sin agua, sin combustibles, porque se trata de "animales humanos". Y por su parte, el actual ministro de Seguridad, Itamar Ben Bvir, declaró hace pocos días que cada noche debería asesinarse entre 30 a 40 palestinos en Gaza. ¡Qué benevolencia!
Prosiguiendo con la victimización, dramatizó sobre los ¡2 mil misiles iraníes lanzados sobre Israel! Le faltó agregar que esta fue la respuesta al ataque a traición que el 28 de febrero ejecutaron, junto a Estados Unidos, contra Irán. O sea, ¡Irán no tiene derecho a defenderse!
Continuó con invocaciones a Dios, la Biblia y los profetas de Israel, y en el colmo de su delirio supremacista, destacó al "pueblo de Israel" como único y ejemplar en la historia y pionero en inteligencia. Y no faltó el delirio mesiánico, al mencionar que su ataque a Irán tenía por objeto ¡salvar a la civilización occidental de la barbarie iraní!
En resumen, un discurso atravesado por la victimización propia y el desafío al resto del mundo, en el sentido de que nada los detendrá para ir tras sus propósitos. Y volviendo al comienzo, es difícil cuantificar la cantidad de falsedades emitidas en el discurso, pero por su cantidad y entidad, no me cabe duda de que su inspirador fue Satanás. Digno y apropiado asesor de un régimen genocida.