La infancia como prioridad de todos

Hace 35 años, Chile ratificó la Convención sobre los Derechos del Niño y se comprometió a tratarlos como sujetos de derecho. Hoy cabe preguntarse qué hicimos con esa promesa. La respuesta es incómoda: en un país orgulloso de su estabilidad, ser niño sigue siendo complejo.

En enero pasado cerró sus puertas el Sename, rostro del fracaso estatal. De su crisis nacieron la Ley de Garantías y el servicio Mejor Niñez. El compromiso era nítido, pero la realidad actual se parece demasiado al pasado. Más del 40% de las residencias opera con sobrecupo. Miles de niños esperan por una familia de acogida o por diagnósticos. Por problemas de diseño y burocracia que cruzaron a distintos gobiernos, el Estado entró a esas vidas y terminó empeorándolas. Cambiamos la sigla, pero no la prioridad.

A esto se suma la crisis de salud mental. Chile ocupa el lugar 31 en la OCDE en bienestar infantil. Según la Defensoría de la Niñez, uno de cada cinco niños se siente solo y el suicidio adolescente es un problema de salud pública agudizado tras la pandemia. Mientras tanto, las familias esperan meses por atención debido al déficit crónico de psiquiatras infanto-juveniles. Además, seis de cada 10 menores sufren violencia en sus hogares, brecha que empeora en niños migrantes, indígenas, con discapacidad o que viven en campamentos.

Ante esta realidad, el gobierno del Presidente José Antonio Kast ha situado la primera infancia como prioridad. Su iniciativa clave es el Plan Crecer en Familia, que busca trasladar a familias de acogida a cerca de 700 niños de entre 0 y 3 años que están en residencias. El programa ya opera en tres regiones y se expandirá a cuatro más en julio. La dirección es acertada: la evidencia sobre el daño de la internación temprana es contundente.

Sin embargo, una política pública no basta. Recorrer este camino convoca a toda la sociedad. Hoy se necesitan miles de familias de acogida transitorias; abrir un hogar es la manera más concreta de cambiar una vida. Las fundaciones requieren voluntarios, las empresas deben ofrecer mayor flexibilidad laboral para el cuidado, y las comunidades deben mantenerse atentas. Reforzar el Plan Crecer en Familia, por encima de los colores políticos, transformará el futuro del país. La infancia no se repite: cada año que pasa es una oportunidad que no vuelve.