El proceso de consolidación de la derrota militar de EE.UU. en Medio Oriente está precipitando la complejidad del orden global. Si bien, aún se mantiene la amenaza talmúdica de lanzar un ataque nuclear contra Irán o bien de destruir la mezquita de Al Aqsa, lo que traería consigo una mayor conflictividad regional con probables alcances globales, el imperio industrial estadounidense, movido por la desesperación de su decadencia, buscaría blindarse en el continente iberoamericano a modo de refugiase en una especie de retaguardia estratégica a través, por un parte, de la aceleración de la dolarización y, por otra, de las presiones políticas para expulsar a China del continente.
La hegemonía sobre Venezuela a través del control del régimen chavista de Delcy Rodríguez y sobre Argentina, aprovechando la orientación ideológica del régimen de Milei, serviría de base para impulsar la dolarización, especialmente, presionando a Perú, para expulsar a China del puerto de Chancay y controlar el corredor interoceánico Brasil-Perú. Toda esta pretensión no es algo fácil de lograr, porque China no cederá fácilmente su control sobre Chancay, ni mucho menos sobre su base militar en Neuquén, pero es fácil de generar un clima álgido de tensiones geopolíticas.
A la luz de lo anterior, EE.UU. no cesará las presiones sobre Chile para acceder al control de recursos estratégicos como el litio y tierras raras, así como el control naval del Estrecho de Magallanes, lo que nos obliga a ir generando un proceso de cooperación estratégica integral con Brasil, centrado en la proyección antártica binacional y trioceánica, así como en un desarrollo tecnológico estratégico. La proyección dice relación con la creación de todo tipo de capacidades en el Estrecho de Magallanes donde Chile daría facilidad logística y sus derivados a Brasil a cambio de las compensaciones a nivel atlántico, comercial y tecnológico.
En el ámbito de las inversiones, China sobrepasa con creces a las capacidades de inversión de EE.UU., porque China tiene la voluntad de invertir, en cambio el imperio sólo de controlar, pagando con sistemas de armas, lo que termina siendo un muy mal negocio en todo plazo. En este sentido, es importante lograr acuerdos orientados en el interés nacional sin descuidar los blindajes estratégicos y sin ignorar los intereses del otro que nunca serán, necesariamente, los propios.