Sorpresas que da la vida

Pareciera ser que las travesuras que acontecen en el mundo global no dan tregua, y estas no sólo se refieren a nuevos prodigios de las tecnologías de la información, de la física, la astronomía y la biogenética, también las sorpresas se dan en el ámbito del poder político, hoy tan venido a menos por tantos escándalos, detrás de los cuales se encuentra la codicia y el enriquecimiento indebido de tantos personeros públicos.

Ahora la novedad viene, ni más ni menos, que de la lucha por el poder en los Estados Unidos, desde las mismas entrañas del "pulpo imperialista", según la expresión de la Marsellesa socialista, cantada puño en alto en tantos eventos memorables del socialismo chileno.

Se trata de la expectante posición que ha logrado en el proceso de elecciones primarias del partido Demócrata, el senador Bernie Sanders, dando un formidable golpe a la cátedra y comprometiendo lo que hasta hace un par de semanas era la segura designación de la ex Secretaria de Estado y senadora, Hillary Clinton, que por su trayectoria y popularidad, era vista con la elección prácticamente en la mano.

Tampoco se priva de sorpresas el partido Republicano: Donald Triumph ha desplegado una retórica racista, de una soberbia demoledora hacia los que no tienen fortuna y forman parte de aquel sector humilde de la población que va a los Estados Unidos en busca de un mejor destino, son millones de inmigrantes, precisamente, los que su discurso desprecia. Su retórica desea revivir la agresividad de los Estados Unidos como patrón global.

Con ello, se quiere borrar la etapa de Barack Obama, una afrenta y rabia que muchos racistas deben sentir al soportar un negro en la Presidencia de los Estados Unidos, esa bronca debe representarse en la impudicia de los dichos de Triumph.

Esos grupos ahora vuelven a la carga con furor, en el ánimo que impere la desfachatez del dinero y los abusos de poder de quienes se complacen con la discriminación y la xenofobia, elevadas a tarea del Estado. Se entierra el cínico "conservadurismo compasivo" de Busch y se retoma el viejo rostro imperialista.

Sin embargo, con Sanders y su mensaje contra la desigualdad, potentes sectores se han motivado por nuevos valores, que les resultan más decisivos, como sus denuncias directas a la intervención del dinero en las decisiones políticas, su rechazo a los multimillonarios y al enorme poder de las grandes corporaciones, su crítica hacia la insensibilidad del sistema establecido y los vicios de la política y, quien iba a pensarlo en los Estados Unidos, su propia definición de socialista, vista como positivamente atrevida por unos, o atractivamente transparente por otros. En suma, los nuevos valores rescatan lo mejor del legado humanista de todos los tiempos.

Sorpresas que da la vida. Un judío de origen humilde, cuyo discurso político mueve y modifica el tablero de las presidenciales en USA. El hecho es que, independientemente, de lo que pase en las próximas jornadas de las primarias, con lo acontecido hasta hoy Sanders ya ganó, su presencia es la clave de lo que pueda o no ocurrir en el tramo final. Hasta ahora los millones de Triumph no lo aplastan y Hillary Clinton estará condicionada por lo que él sea capaz de hacer.

En todo caso, las perspectivas de ella son de un potencial que está en pleno desarrollo; de modo especial, el hecho que por primera vez adquiera viabilidad que una mujer se instale en la Presidencia de los Estados Unidos puede despertar energías sociales insospechadas.

Es un viejo sueño que se hace realidad. En el esfuerzo civilizacional para avanzar en la igualdad de géneros este horizonte posible, alcanza una dimensión fundamental. Una mujer a la cabeza de la principal superpotencia tiene dimensiones y efectos incalculables.

Ello indica cambios de mentalidad que superan el ámbito electoral.Entre otros aspectos, que la deformada percepción de la idea socialista como intrínsecamente autoritaria ha sufrido una mutación profunda. Ese factor de amedrentamiento que se afirmó durante décadas, por la ausencia de democracia en la ex Unión Soviética y el grupo de Estados que aglutinaba a su alrededor, ahora no existe.

El carácter democrático de la idea socialista ha recobrado energías, y su fuerza transformadora en las nuevas generaciones emerge como paradojal contrapartida al derrumbe del sistema comunista y surge como la opción capaz de hacer viable un proyecto político autónomo, con un enfoque civilizacional alejado de la intervención del dinero y auténtico en su compromiso libertario.

Los analistas señalan que resulta casi matemático observar como los "millennials", aquellos que nacían en años paralelos a la perestroika, encabezada por Mijaíl Gorbachov en Moscú, son ahora inmunes al terror del comunismo con que se alimentó e intoxicó el sistema político "gringo", desde fines de la Segunda Guerra Mundial hasta el derrumbe de la URSS, en 1991, cuando Sanders recién entraba al Senado de su país.

Se trata de una visión que al no estar determinada por los temores del periodo de la guerra fría se ha convertido en una mirada crítica, en primerísimo lugar de la desigualdad y de su desolador impacto en las condiciones de vida, la segregación y la negación de sus derechos fundamentales a extensos sectores de la población, que anula en los hechos "el sueño americano" de una sociedad de iguales.

Asimismo, se enjuician con dureza los graves defectos, errores o manifiestas contradicciones del escenario político.Desmintiendo la teoría de la guerra de generaciones, la nueva hornada de ciudadanos ha encontrado en el mensaje de un líder ya veterano el cauce indicado para el impulso renovador al que aspiran.

Al decir del mismo Sanders, se trata de "una revolución política pacífica", que por situarse en el centro del sistema mundial puede adquirir una repercusión global. Es un mensaje de avanzada social, de reformas radicales y, al mismo tiempo, no violento, ajeno a la retórica militarista o agresiva con que tantas veces se han teñido las fuerzas progresistas.

Aún deberá pasar mucha agua bajo los puentes para conocer el desenlace, este masivo movimiento no debiese fracturarse entre sus dos componentes más dinámicos, la igualdad de género y la igualdad social.

Ambos reclaman justicia y no un absurdo "igualitarismo", que empequeñeciera y no acrecentara las energías sociales de quienes aspiran a un nuevo tipo de sociedad. Si Clinton y Sanders, logran poner lo que les une por sobre de lo que les separa, podrán derrotar a esa cruda y patética ultraderecha que ha salido a escena. De ese modo, esta fuerza social emergente puede llegar a su consolidación o no alcanzar su meta.

Puede conseguirla más adelante o dispersarse en el camino, lo que pase exactamente en política no se puede adivinar, no se deben proclamar triunfos que no han ocurrido; además la realidad de cada país es irrepetible, y equivocado es, en la izquierda, andar pregonando la copia de situaciones ajenas.

De todas maneras, es posible afirmar que en la globalización hay desafíos a la democracia que son comunes, en esta situación histórica lo esencial es doblegar la desvergüenza del dinero como instrumento básico de la desigualdad y que prevalezca la necesidad de dignificar y reivindicar el sentido profundo de la misión política, mediante políticos honrados, con vistas, a sociedades más libres, justas y transparentes.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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