Trump destruye el orden mundial por la fuerza. Como sabemos, los dictadores actúan así dentro de un país, pero Trump hace lo mismo en todo el planeta. Los multimillonarios que integran el gobierno no solo influyen en las políticas públicas de EE.UU., sino en todo el desarrollo del mundo y ese poder se ha puesto en juego de inmediato, como lo podemos ver en un simple y aparentemente inofensivo ejemplo: el cambio de nombre del Golfo de México de la mano de uno de sus secuaces, Serguéi Brin, también multimillonario, dueño de Google.
En otro ámbito mucho más espantoso, tiene bajo amenaza a Canadá de convertirla en un estado de EE.UU.. Amenazó con tomar el poder del Canal de Panamá por la fuerza. Pretende dirigir los destinos de Gaza, enviar a los palestinos fuera de sus hogares, desterrar a sus habitantes y construir ahí un nuevo país. Dijo que Ucrania desaparecería. Quiere apoderarse de Groenlandia por la fuerza. El que una comisión concurra a otro país para decir que va a "anexarlo" es lo mismo que anunciar una invasión, así como lo hizo la URSS a mediados del siglo pasado. También es muy parecido a las antiguas invasiones napoleónicas o los tiempos de Gengis Kan. Costumbres que el desarrollo del derecho internacional tenía por superadas.
Otro millonario que puede considerarse el principal secuaz del gobierno de Trump es el tecnócrata Elon Musk, quien padece una deficiencia congénita que le dificulta percibir emociones, tiene acceso a tomar decisiones que afectan directamente a las familias. Probablemente él, al no tener manifestaciones de empatía o legitimidad del otro, no llega a dimensionar las consecuencias sociales de sus actos.
Algo pasa con este secuaz, ya que su prestigio está en juego y hay mucha gente que tiene una crítica adversa hacia él. No es de extrañar la conclusión a la que llegan los cálculos del catedrático de Harvard Mihir A. Desai, en The New York Times, en el sentido de que X y Tesla han tenido bajas en su rendimiento económico a raíz de la conducta de Elon Musk.
Pero su presencia al interior del aparato estatal de EE.UU. le permite también llegar a las Bóvedas de Semillas, una recolección de más de 120 años. En este caso, para despedir a los equipos de trabajo que conservan estas especies y garantizan la germinación de alimentos para las generaciones futuras de todo el planeta. Musk no tiene prestancia. Es un ingenioso memorión sin inteligencia emocional, quien actúa movido por sus impulsos egoístas. Es difícil creer que puede hacer el bien público.
El intento de Trump de tomar el poder en Ucrania, según él mismo lo ha dicho, consiste en explotar los minerales conocidos como tierras raras, que serán usados en grandes proyectos tecnológicos en los años venideros. Es sintomático eso de fingir que ayuda a Zelensky, si poco después lo tilda de dictador y a poco andar, lo invita a la Casa Blanca para humillarlo. Esta conducta no parece otra cosa que tratar de llevarse el botín antes de que termine la guerra, sin asegurar de ninguna manera una paz estable.
Este plan invasivo de Trump lo hace ver como un dictador en ciernes, como tantos otros dictadores que hemos conocido el siglo pasado en Europa y Latinoamérica. Los latinoamericanos en particular sabemos que los dictadores comienzan con odiosos y violentos discursos y con el control de la prensa. Así lo ha hecho Trump. Comienza con discursos odiosos y violentos, tratando a los periodistas de traidores, típico síntoma de los dictadores.
Si bien en EE.UU. y muchos otros países del mundo, el periodismo está pasado por momentos críticos de desprestigio, sumado al incremento de opinólogos e influencers, que la gente está atendiendo muy asiduamente, ello no ha puesto una lápida a la antigua profesión. Trump sabe que esta situación precaria del que en décadas pasadas se llamó "el Cuarto Poder" (la prensa), le facilita llegar al grueso de la población. Así han llegado al poder prácticamente todos los dictadores y, a fin de cuentas, como en el caso de Hitler (por tomar un caso entre muchos), la población lo acepta pensando que está haciendo el bien.
Antes, un dictador se instalaba en algún país (por ejemplo, Argentina, Chile o Venezuela) y en los países limítrofes no constituía mayor problema; sin embargo, una dictadura en EEUU sería catastrófica para todo el planeta. Sería virtualmente un golpe planetario y no un simple golpe de Estado. Así, las amenazas de agresión mediante aranceles que puedan afectar a China o Canadá, tarde o temprano nos afectarán a todos, dados los efectos globales de los negocios y las economías de cada país.
No es el tiempo de los colonizadores, sino de su extinción. Pero no hay que ser muy optimista. Cada día, este presidente golpista hace nuevos anuncios. Hace poco anunció que podía pasar por sobre la constitución de EE.UU. para prolongar su mandato, cosa que la Constitución norteamericana expresamente lo prohíbe. ¿No es justamente esto lo que han hecho todos los presidentes golpistas que el mundo ha conocido?
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