Educación para la transformación

Si nos comparamos con muchos países hoy en guerra, o sufriendo crisis sociales, económicas y ambientales agudísimas, pareciera que nuestra nación en términos relativos, es un oasis. Sin embargo, en Chile flota una extraña sensación de desmorone, que abarca desde lo institucional, a lo sociocultural y a lo personal. Con harta razón no creemos en nada: ni en el Presidente y sus Ministros, ni en los políticos y la política, ni en la policía, las cortes de justicia y las leyes, ni en el prójimo. Y tanto, tanto robo, asalto, violaciones, abusos sexuales y crímenes freaks.

Muchos, inmersos en este tipo de sociedades están llegando a creer que los seres humanos, por naturaleza, intrínsecamente… no somos muy buenos, por decir lo menos; que siempre van a haber pobres y ricos, guerra y violencia. El filósofo francés, Edgar Morin, piensa que la naturaleza humana es como una arcilla maleable que moldean las circunstancias históricas, sociales, familiares, la paz o la guerra, los ejemplos y los modelos que nos rodean.

El ser humano es muy peculiar. Al nacer somos, quizás, el más inerme, desamparado y dependiente de todos los mamíferos. Necesitamos aprenderlo todo, incluso nuestra identidad cultural. Por eso somos tan distintos, pese a ser tan semejantes.

Un león es un león y vive en gran medida, como lo hacen todos sus congéneres: todos comen lo mismo y tienen similares melenas y hábitos.Nosotros, en cambio, podemos ser programados para actuar y vestirnos de diversas formas, para comer alimentos diferentes, etc., y, sobre todo, para ser ‘tribales’, bondadosos, generosos, mágicos… o individualistas, competitivos, agresivos, e incluso violentamente destructivos.

Hay quienes piensan que somos más instintivos de lo que pareciera y que el problema es que en la civilización éstos son reprimidos, casi erradicados por el sistema educativo que conforma al individuo al entorno sociocultural imperante, con un ‘bombeo’ de información e imposiciones ‘desde afuera hacia adentro’, que no permiten que florezca su esencia.

El filósofo hindú Rabindranath Tagore pensaba que uno de los principales problemas de la educación europea era esta coerción del individuo para “civilizarlo” pasando a llevar la individualidad y la espiritualidad innata. Tagore promovía una educación ‘desde adentro hacia afuera’ que le permitiera a la persona hacer aflorar su naturaleza e instintos.También pensaba que otro gran escollo educacional en la cultura ‘occidental’, es la falta de comunión con la naturaleza.

Realmente es insólito que a nivel masivo la humanidad actúe ignorando las ‘directrices operacionales’ de la biosfera que nos cobija y nos sustenta, lo que cualquier animal sabe desde que nace. Pájaros, mariposas y ballenas migran miles de kilómetros sin instructivos, mapas, ni títulos universitarios.

Las abejas, alquimistas sin doctorados, en base a las materias primas que les entrega el entorno, particularmente las plantas y sus flores, fabrican, sin pensarlo dos veces, miel, cera, propóleo, jalea real  y las celdas hexagonales micrométricamente exactas e idénticas de sus panales, todo sin capacitaciones ni universidades.

Es increíble que en los albores del siglo XXI nosotros aún no entendamos que somos uno sólo con toda la biosfera, que compartimos los mismos átomos, elementos, las mismas moléculas de agua presentes en  nuestro planeta Tierra desde hace miles de millones de años; que no percibamos que estamos tan arraigados en la naturaleza como los árboles por medio del aire, agua, alimentos, y las impresiones sensoriales; que no veamos que estamos en un ‘boca a boca’ con la naturaleza: respiramos, bebemos, comemos y devolvemos gases, líquidos, y también podemos reciprocar con belleza.

¿Todavía no cachamos que literalmente ascendemos de las bacterias y los protoctistas, y que la evolución se ha desplegado en base a la cooperación y la simbiosis, y no a la competencia? Entonces estamos perdidos, no sabemos dónde estamos parados, ni nuestro lugar en el orden natural.

No reconocemos nuestros orígenes. Estamos taponeados, insensibles, y este es un fenómeno socio-cultural masivo inducido.Letal mezcla de ignorancia, inequidad, farándula, miseria, violencia y mala calidad de vida para muchos.

Necesitamos urgentemente educación, no para conformarnos en sociedades patológicas, disfuncionales, sino para el cambio, para la transformación audaz, para alimentar una revolución histórica, guiada por una alta inteligencia ‘comunitarista’, amorosa, intuitiva, artística y arraigada. Siempre hemos podido y podremos. ¿Y…?

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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