El espíritu gremialista

Como fenómeno político, las propuestas del gremialismo formuladas por Jaime Guzmán en la década de 1960 no solo sobreviven, sino que parecen haber recuperado centralidad. Basta revisitar el último lustro para advertir la "permanente presencia" del constitucionalista en las grandes discusiones públicas: el rol del Estado, la importancia de una institucionalidad robusta, e incluso el papel de los cuerpos intermedios -incluidos aquellos que se expresan mediante la protesta- han vuelto al debate, haciendo que incluso antiguos "adversarios espirituales" terminen dándole la razón.

Con todo, fue el triunfo del ahora Presidente José Antonio Kast el que devolvió explícitamente el concepto de gremialismo al centro de la conversación pública. La rápida caracterización de su equipo de gobierno como "el gabinete con el espíritu gremialista más fuerte de la historia de Chile", en palabras de un reconocido analista político, da cuenta de ello.

Cabe decir que, si bien las explicaciones periodísticas han tendido a simplificar -cuando no a caricaturizar- el pensamiento de Guzmán, lo cierto es que en ministerios clave se observa una presencia significativa de figuras formadas en ese ideario. Más que una etiqueta, entonces, el gremialismo aparece como una posible matriz orientadora del próximo gobierno.

Por ello, vale preguntarse: ¿Qué implica, en términos concretos, un gobierno gremialista?

En primer lugar, supone entender la política no como un espacio de disputa ilimitada, sino como una actividad orientada al bien común. Esto implica reconocer límites: no todo es políticamente disponible, ni toda mayoría circunstancial, incluso la de este presidente, puede redefinirlo todo. En este marco, la centralidad de la persona humana no es meramente retórica, sino que actúa como criterio ordenador frente al poder del Estado, y enriela el actuar del gobierno desde la servicialidad a la ciudadanía. Esto ha quedado en evidencia en esta primera semana de la administración Kast, con su equipo desplegado, trabajando en lo que ellos mismos han calificado como un "gobierno de emergencia".

En segundo término, un gobierno gremialista tiende a reforzar el valor de las instituciones. Lejos de concebirlas como obstáculos, las entiende como resguardos necesarios frente a la volatilidad política. De ahí su énfasis en el orden, la estabilidad y la continuidad institucional como condiciones para la vida en sociedad. Así, en vez de discursos refundacionales como a los que estuvimos expuestos en el marco de las revueltas de octubre de 2019, hoy se han trasladado al respaldo y fortalecimiento de esos organismos: volver a confiar en las instituciones.

Un tercer elemento clave es la subsidiariedad. Este principio no solo delimita la acción del Estado, sino que promueve un protagonismo activo de la sociedad civil, especialmente a través de los llamados cuerpos intermedios. La ciudadanía activa, como siempre ha sido, debería tener mayores espacios de creatividad para dar soluciones a problemas en los que el Estado deberá promover y garantizar las condiciones para que suceda. La emergencia que también existe en vivienda, educación, salud y economía debe hacer partícipe a las personas y su potencial. Acá el desafío en materia de focalización será clave para reconducir a Chile a la senda del progreso humano y económico.

Finalmente, el gremialismo propone un estándar exigente en el actuar político, donde la dimensión ética no es accesoria. La política, en esta visión, no puede reducirse a técnica ni a cálculo, sino que exige coherencia entre principios y acción. Luces de ello ha arrojado en la selección de quienes se desempeñan y desempeñarán en esta administración, elevando los niveles mínimos esperables de un servidor público.

Así, más que un simple giro "a la derecha", un gobierno gremialista plantearía una forma particular de entender la política: una que busca contenerla y orientarla siempre al bien común. Por tanto, la pregunta de fondo no es solo qué políticas impulsará, sino qué idea de sociedad y de orden político intentará consolidar cuando pase la emergencia.

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