Implementación de la ley de 60 minutos en establecimientos escolares

A partir de 2027, los establecimientos escolares del país deberán implementar, de manera gradual, la ley 21.778, texto legal que establece que el estudiantado deberá tener al menos 60 minutos de actividad física al día.

Si bien apunta principalmente a mejorar la salud física y mental de los niños, niñas y adolescentes del país, se debe tener presente que su beneficio es más amplio, impactando en el óptimo desarrollo integral de cada uno de ellos. De manera adicional, el movimiento también incide en la dimensión social y en el aprendizaje del estudiantado, por lo cual es importante que su implementación no sea fragmentada y aislada, sino que también sea parte del proceso de enseñanza-aprendizaje.

Esta ley no sólo invita al profesorado de Educación Física a participar, sino que también busca integrar a quienes imparten las otras disciplinas, promoviendo un aprendizaje activo en el estudiantado, donde ellos sean los protagonistas de su aprendizaje y las y los docentes sean un guía que apoye y oriente.

Esta ley es una nueva oportunidad para transitar del modelo tradicional de enseñanza que aún se encuentra presente en muchas de las aulas del país, a uno que permita que el estudiante aprenda con sentido.

Las aulas activas propician que el docente pueda repensar su forma de impartir la profesión. El integrar trabajo colaborativo y metodologías activas permitirán que el estudiantado aprenda con sentido y se desarrolle de manera integral.

Como se presentó en el Seminario "Implementando los 60 minutos de actividad física en las escuelas", organizado por la Facultad de Educación UC de la Pontificia Universidad Católica y el Ministerio de Salud, el aprendizaje activo, en comparación a la clase tradicional, mejora la comprensión profunda, la asistencia, y la retención a 6 meses, disminuyendo así la deserción escolar. Adicionalmente, ayuda a combatir el estrés escolar, la ansiedad, la desconexión y la falta de motivación.

Esta ley invita a la escuela a remirar sus prácticas pedagógicas, a situar al estudiante en el centro, promoviendo su desarrollo integral.