Siguiendo en la conferencia socialista: institución, ideas y territorio

Coescrita con Hernán García Moresco, licenciado en Educación en Matemática y Computación, magíster (c) Ingeniería Informática

La discusión programática e ideológica que se proyecta hacia la Conferencia Socialista 2026 del Partido Socialista de Chile no puede limitarse a la formulación de grandes tesis doctrinarias o definiciones abstractas sobre el futuro del progresismo. El principal desafío del PS no radica solo en actualizar su programa político, sino también en definir, de manera estratégica, cómo reconstruir su vínculo material, social y territorial con las mayorías. En este sentido, la dimensión territorial emerge como un eje estratégico para comprender tanto la crisis de representación de la izquierda como las posibilidades de su reconstrucción política futura.

Desde la teoría clásica y moderna de los partidos políticos, el PS de Chile no se explica únicamente por su ideología, su número de militantes o su representación institucional, sino también por su capacidad de inserción en los territorios y en las organizaciones sociales, comunitarias, estudiantiles, sindicales y vecinales. En esa perspectiva, el territorio deja de ser un simple soporte geográfico para transformarse en un espacio de construcción política, social y cultural, donde las personas experimentan de manera concreta las condiciones de la vida cotidiana, la precarización, la inseguridad, el debilitamiento del Estado y el aumento del costo de la vida.

Diversos diagnósticos muestran que el progresismo ha perdido capacidad para interpretar el malestar social, en parte porque se ha distanciado de las condiciones materiales cotidianas de las personas. Mientras unos pocos concentran los beneficios del trabajo de otros, amplios sectores sociales experimentan incertidumbre, desprotección y un deterioro sostenido de sus expectativas. En ese contexto, la política aparece muchas veces atrapada en debates contingentes, mediáticos o excesivamente institucionales. En ese vacío, las derechas han logrado conectar con demandas simultáneas de autonomía, orden y protección, construyendo un lenguaje simbólico más eficaz frente a las inseguridades contemporáneas.

Por ello, la cuestión territorial debería adquirir un carácter central para el socialismo. No se trata del territorio entendido como una mera distribución administrativa o como un simple "continente", sino como "contenido": una realidad concreta en la que se expresan las alegrías, frustraciones y contradicciones sociales, económicas y culturales del país. La territorialidad implica comprender cómo viven las comunidades, cuáles son sus formas de organización, cómo perciben al Estado y qué expectativas tienen. Allí radica la importancia de fortalecer la vida comunal, provincial y regional, tanto militante como ciudadana, revitalizando las estructuras organizacionales, los núcleos de base y los vínculos con las organizaciones sociales. La vida partidaria no puede ser reducida a los representantes y su quehacer, la vida militante es infinitamente más amplia.

A su vez, el análisis territorial debe complementarse con una mirada renovadora de la institucional. Las normas formales e informales que estructuran la vida partidaria, así como la legislación sobre partidos políticos, no son elementos neutros: moldean prácticas, culturas organizacionales y formas de participación. En particular, las estructuras partidarias con mayor despliegue territorial deben participar activamente en este debate, mostrando su funcionamiento interno, su capacidad deliberativa, la forma en que sistematizan propuestas y el modo en que se articulan con las dinámicas sociales locales. Lograr valorar de mejor forma el rol de un(a) dirigente(a) local con el mismo cariño, que un parlamentario(a) o alcalde(sa) solo así el socialismo tendrá aires de popular y mayorías.

La relevancia estratégica del territorio se vuelve aún más evidente en un escenario político marcado por el avance de derechas con un fuerte carácter misional e ideológico neoliberal, al que se suman fantasías y metáforas movilizadoras, así como por el desgaste de las promesas transformadoras del progresismo.

En este contexto, la reconstrucción de un proyecto socialista requiere recuperar legitimidad desde abajo: desde las experiencias concretas de las comunidades y desde una práctica política conectada con la vida cotidiana. Cada militante debiera participar activamente en espacios sociales para construir una relación directa entre la base militante y la base social. Cuando, en cambio, se privilegia una crítica mediática de baja densidad, alejada de las condiciones materiales reales, la política termina produciendo diagnósticos parciales, centrados en polémicas contingentes, en paneles de matinales y lejos de un proyecto alternativo frente a las fantasías, metáforas o hipérbole promovidas por las derechas.

En definitiva, una de las tensiones centrales que debiera abordar la conferencia es que la política solo podrá reconstruir un horizonte transformador si vuelve a "respirar territorio". Esto implica comprender que la política no se sostiene exclusivamente en discursos programáticos o liderazgos nacionales, sino también en la capacidad de interpretar, organizar y representar las realidades locales en las que se configuran las demandas sociales y las posibilidades efectivas de cambio político. Más que redefinir su horizonte, el socialismo chileno debe reconstruir las condiciones territoriales que hacen posible su realización.