En Chile, hablar de trabajo sigue siendo, en gran medida, hablar de productividad, crecimiento y empleo. Pero hay una dimensión que permanece fuera de esa conversación: el cuidado. Y mientras no la incluyamos de manera decidida, seguimos sosteniendo un mercado laboral que, en la práctica, excluye a miles de personas.
La evidencia es contundente. Hoy, más de 1,1 millones de personas en el país se dedican a cuidar a alguien en situación de dependencia, muchas veces sin recibir remuneración. De ellas, cerca del 92% son mujeres y más del 70% no recibe ningún ingreso por esta labor. No es un problema marginal: es estructural.
A ello se suma la tasa de desempleo femenino en Chile, que alcanzó el 10% según datos del INE al 29 de abril de 2026, lo que representa un aumento significativo y supera el promedio nacional del 8,9%.
En el caso de las personas que cuidan, es evidente que detrás de esas cifras hay trayectorias laborales interrumpidas, jornadas reducidas o directamente abandonadas. No son personas que no quieran trabajar, sino que no pueden hacerlo en un sistema que no dialoga con la vida real.
En ese contexto, la reciente promulgación del Sistema Nacional de Apoyos y Cuidados marca un avance relevante al establecer derechos y un marco legislativo que resguarda a los distintos titulares y realidades que ampara el sistema.
Como Fundación Ronda somos parte de la Red Nacional de Cuidados y hemos participado desde el inicio al fin de este proceso y gran hito legislativo para el país. Y para quienes trabajamos en este ámbito, sabemos que no fue un simple acto simbólico, fue el reconocimiento de una realidad cotidiana invisibilizada por décadas.
Estar ahí no fue sólo representar a quienes cuidan, sino escuchar y ver la fuerte realidad de quienes sostienen, postergan y acompañan a un hijo o hija, a una madre o padre, a una persona con discapacidad o a un familiar que requiere apoyo permanente.
Por esto, sabemos que el desafío no termina en la promulgación. Ahora más que nunca nos importa trabajar y apoyar a que se ejecute una correcta implementación. Pero también, para incidir en lo que viene, políticas de cuidado en materia de empleabilidad y la creación de una economía del cuidado que permitan generar los mecanismos necesarios, para hacernos cargos de las diversas realidad de Chile y las miles de personas, principalmente mujeres que necesitan urgente generar ingresos, con equidad, conciliación y corresponsabilidad social real.
Si las leyes y sistemas no se traducen en apoyos concretos y en transformaciones reales en el mundo del trabajo, corremos el riesgo de que este avance no impacte en la vida cotidiana de las personas y en mejorar la calidad de vida de ellas y sus familias.
A esto se suma otra cifra clave: el 86% de las personas cuidadoras registradas en el sistema público pertenece a hogares más vulnerables. Es decir, el cuidado no sólo es invisible, también profundiza la desigualdad.
Avanzar hacia una economía del cuidado no es sólo una discusión social, es una decisión estratégica. En Fundación Ronda creemos que cuidar es un acto profundamente humano, y que una sociedad justa es aquella que se hace cargo de ese cuidado de manera colectiva. El desafío ahora es que ese reconocimiento no quede en las palabras, sino que se traduzca en la vida cotidiana de las personas.
En un mes marcado por la discusión sobre el trabajo, la pregunta es simple: ¿Para quién está diseñado hoy el mercado laboral en Chile? Mientras la respuesta excluya a quienes cuidan, la inclusión seguirá siendo una promesa pendiente. Porque sí, cuidar es trabajar.