Cuesta arriba en la búsqueda de consensos. Se dice que el mejor predictor de la conducta futura de un actor político es la forma en que ya se ha comportado hasta el presente, considerando el conjunto de su trayectoria. Si esto es efectivo, lo cierto es que estamos en problemas con el gobierno que asume la próxima semana. El arribo de una nueva administración siempre viene acompañado de la esperanza de la llegada de tiempos mejores, pero hay que reconocer que las señales que se han dado hasta ahora van en el sentido contrario al deseado. Incluyo aquí la decisión de Kast de dar por concluidas las reuniones con las autoridades en ejercicio para el traspaso administrativo del poder.
Incluso el motivo inicial para mantener una cierta esperanza es, en sí mismo, ambiguo. Kast evitó durante toda la campaña presidencial definirse en un número muy importante de materias que no fueran seguridad, migración y crecimiento.
Eso le entrega un margen de maniobra muy amplio para aplicar políticas pragmáticas, de la mano de un equipo ministerial mayoritariamente técnico.
Esta amplia libertad de movimiento existe desde luego, pero es también evidente que si durante la campaña se tuvo que optar por el silencio, no fue porque se careciera de línea política, sino porque las propuestas que se tenían iban a despertar muchas resistencias. Las buenas noticias no se ocultan.
Es cierto que no se mintió, pero también es efectivo que las verdades más duras, las convicciones más arraigadas, fueron puestas en un cajón a la espera de un mejor momento, y ese momento ha llegado.
Kast encarna un tipo de liderazgo autoritario, alérgico a los contrapesos internos y que ha conformado un equipo de colaboradores ministeriales que le responde directamente a él, sin mediaciones.
Piñera se afirmó en una coalición fuerte, Boric se sostuvo en una coalición débil y fragmentada y el republicano prepara un gobierno en el que no habrá coalición y en el que el único fuerte es un Presidente con un poder reforzado que no comparte. Este modo de ordenar el trabajo del Ejecutivo no es neutro y deja a la derecha tradicional sin ningún papel relevante que desempeñar.
Se prepara un importante cambio político, que ya está siendo ejecutado, pero que difiere notablemente de la manera como se le concibe en la centroizquierda. No se expresa por la vía de la aprobación de reformas y se concentra en la acumulación de poder político para períodos prolongados.
Entre polarizados y pragmáticos
El margen de maniobra para la búsqueda de acuerdos transversales no solo es reducido, sino que queda en manos casi exclusivas un mandatario reticente. Se trata de un gobierno que buscará consolidarse desde el principio en el apoyo ciudadano no politizado. En este diseño, es el ciudadano común el que aporta el respaldo que antes otorgaban los actores tradicionales de la derecha a los que se está tratando de desplazar del primer plano.
Por eso es unánime en su interior del nuevo oficialismo el convencimiento de que los primeros meses tienen una importancia clave.
Se quieren mostrar resultados rápidos y llamativos. Se trata de hacer que todo funcione y que se note desde el principio. Ahí está concentrado el interés. Por eso no hay mensajes dedicados al acercamiento político con los adversarios.
Por lo general, los gobiernos tienen sectores más duros que buscan imponer posiciones y otros más aperturistas que quieren alcanzar acuerdos transversales, aunque sea por las razones más prácticas del mundo. También en el próximo gobierno existen los hegemónicos y los pragmáticos, pero inusualmente Kast no está jugando a buscar un equilibrio entre ellos, sino que activamente desequilibra la balanza a favor de los primeros.
Los republicanos en el Congreso parecen sentirse en su salsa en medio de las polémicas y los conflictos. En el comité político, tanto Alvarado como García Ruminot tienen vasta experiencia en la conformación de acuerdos y gozan de la confianza en el Parlamento para acercar posiciones. Los dialogantes requieren mínimas condiciones para iniciar la búsqueda de acuerdos, lo que se hace imposible si quien se esmera por cultivar conflictos es el propio Kast. Lo que hace es completamente intencional. No se pone fin a un tercio de siglo de transiciones ejemplares porque alguien se levantó de malas pulgas.
El cultivo de las tensiones como método
El discurso oficial se basa en la existencia de una crisis multifacética que es algo útil para las comunicaciones, que sirve de justificación para las medidas más resistidas, pero que no se condice con la experiencia de un país que regresa de vacaciones y que da inicio al año escolar en un ambiente de normalidad.
Por eso el cultivo de las tensiones políticas es algo que puede resultar beneficioso para Kast si se consigue aislar a la oposición en debates intensos, desconectados de la vida cotidiana de los ciudadanos que es donde se quiere conseguir respaldo.
Probablemente las tensiones entre autoridades salientes y entrantes no habían escapado de los márgenes antes conocidos, pero lo inusual es que no se haya buscado mantenerlos controlados, sino que Kast se jugara por una rápida ruptura en medio de un traspaso de mando que compromete el trabajo poco visible, pero en extremo necesario, de centenares de personas en muchos niveles.
La ruptura fue una decisión, no una fatalidad. No hay Presidente que pueda aceptar que se le dé un ultimátum al exigirse su retractación pública. Tampoco Boric es un personaje propenso a la calma, pero en esto no se le dejó opción.
La futura oposición está recibiendo de su contraparte una sospecha invitación a radicalizar posiciones. No es la oportunidad para que la centroizquierda reincida en sus debilidades, sino para que actúe con la máxima responsabilidad. Este es un momento decisivo para la renovación de los liderazgos porque, de actuar de acuerdo al comportamiento promedio que se tuvo durante el gobierno de Boric, no cabe duda de que instalará como un actor secundario acostumbrado a bailar según la música que le pongan. Los exaltados no pueden poner la pauta porque no pueden servir de guía los que no saben para dónde van.
Este gobierno terminará antes de que nos demos cuenta. Lo estable queda radicado en el Parlamento y la conducción de los partidos. Son los llamados a ejercer una dirección responsable. Lo mejor que se puede hacer es anteponer propuestas constructivas, obligando a un debate de altura, lo demás es una pérdida de tiempo. Escoger bien las peleas relevantes y graduarlas será el desafío de los líderes.
Desde Facebook:
Guía de uso: Este es un espacio de libertad y por ello te pedimos aprovecharlo, para que tu opinión forme parte del debate público que día a día se da en la red. Esperamos que tus comentarios se den en un ánimo de sana convivencia y respeto, y nos reservamos el derecho de eliminar el contenido que consideremos no apropiado