¿Cuándo comenzó la crisis?

Los primeros cuatro meses del año 2026 han mostrado una caída sostenida en la economía: el último Imacec, de abril, cayó 1,2% en comparación con el mismo período del año anterior y siguió a tres caídas consecutivas en el mismo número de meses. Esta contracción en el crecimiento ha coincidido con un aumento del desempleo, especialmente en el caso de las mujeres y de los jóvenes. De cada 100 mujeres en la fuerza de trabajo, 10 están desempleadas. En el caso de los menores de 24 años, el desempleo llega a 23 de cada 100 personas (cifras del INE).

Las causas de la contracción actual residen, en parte significativa, en una baja productividad, que lleva estancada más de 15 años(1) y ha coincidido con malas reformas. Con esta situación se relaciona un déficit más profundo: la mayoría de los chilenos y chilenas no tiene competencias básicas suficientes para enfrentar el cambio tecnológico en curso ni para desempeñarse productivamente en el mundo actual. Esto no lo inventé yo: en la medición PIAAC, de la OCDE, 53,4% de los chilenos no alcanza un nivel 2 en comprensión lectora, es decir, no logran hacer inferencias básicas a partir de un texto más o menos extenso. En matemáticas, 55,6% no supera el nivel 1, lo que significa que, por ejemplo, no logra resolver un ejercicio de proporcionalidad(2). Entre los que tienen educación superior, 29,6% no alcanza el nivel 2 en comprensión lectora y 31,2% no lo hace en matemáticas.

Es verdad que las bajas competencias, por sí solas, no han surgido en los últimos años. Habíamos tenido una evolución positiva, pero la mejora continua no se sostuvo. Por buena parte de la década que acaba de pasar, Chile se ha estancado.

A finales de los '90 y principios de los 2000, el espíritu de acuerdos que marcaba a la política nacional derivó en una serie de reformas que potenciaron el rol de la educación. La jornada escolar completa (1997), la enseñanza media obligatoria (2003) y la subvención escolar preferencial (2008) representaron, en diversos grados, ese espíritu. El resultado fue una evolución positiva en todos los frentes de la educación: cobertura, calidad y convivencia. El acceso a la educación superior alcanzó niveles similares a los de países más desarrollados. La institucionalidad evolucionó y maduró.

La mejora del sistema educativo se dio en un contexto de amplio acuerdo hasta principios de la década de 2010. Sin embargo, cuando la protesta se volvió una forma de presión altamente efectiva y el discurso político incorporó la división como su base, otorgar beneficios a grupos de interés con influencia electoral pasó a ser un comportamiento más frecuente. La pretensión de la política de otorgar beneficios universales y regular en exceso a quienes educan, especialmente en la educación, fue plasmada en la ley. El exceso de gasto fiscal, derivado de esta pretensión, nos llevó a la situación de deuda en la que nos encontramos hoy.

Ahora, nos encontramos frente a un problema acuciante, sin capacidad de gasto y en un escenario político fragmentado. Se necesitaba un acuerdo hace 10 años; ahora, la corrección será costosa y la solución no es obvia. No parece, sin embargo, que las reformas necesarias para mejorar la educación, en este contexto, pasen por intensificar irreflexivamente la regulación al nivel terciario o invertir sin criterio en elefantes blancos.

Pero eso no significa que no haya un camino razonable. Mejorar la calidad de la enseñanza escolar no requiere necesariamente gastar más, sino mejor. Esto implica utilizar el dinero fiscal de forma inteligente, para fortalecer la autoridad de los docentes e invertir en buenos directores. Se necesitará un cambio en regulaciones que son actualmente protegidas por grupos de interés. Se deberá devolver autonomía a los establecimientos que funcionan, exigir rendición de cuentas real y construir una hoja de ruta que sobreviva los cambios de gobierno. La oportunidad está sobre la mesa: la crisis no comenzó ahora, pero su solución puede hacerlo.

(1) Productividad en Chile permanece estancada: su impacto casi nulo en el crecimiento para 2024 oscilaría entre -0,2% y 0,1%
(2) Do Adults Have the Skills They Need to Thrive in a Changing World?