El verdadero orgullo es defender la libertad

Cada año durante junio millones de personas en todo el mundo conmemoran el Mes del Orgullo. Más allá de los desfiles y las banderas, esta fecha nació para defender el derecho de cada persona a vivir libre de persecución, violencia y discriminación por su orientación sexual o identidad de género.

Por ello, el significado más profundo del orgullo no se encuentra en las consignas ni en los símbolos, sino en la defensa concreta de quienes aún hoy arriesgan su libertad e incluso su vida por ser quienes son. Pocas realidades reflejan esta tragedia de manera tan brutal como la situación de las personas LGBT en la República Islámica de Irán.

Según el código penal iraní, las relaciones sexuales consentidas entre personas del mismo sexo pueden ser castigadas con penas que incluyen la ejecución, precedidas por arrestos, encarcelamientos y torturas.

Diversos informes estiman que unas 5.000 personas han sido ejecutadas por este tipo de delitos desde la instauración de la revolución islámica en 1979. Adicionalmente, numerosos observadores y activistas han denunciado que personas homosexuales son presionadas para someterse a procedimientos de reasignación de sexo como alternativa a la persecución penal.

Así, mientras en muchas democracias occidentales las discusiones giran en torno a cuestiones culturales o identitarias, en Irán hombres y mujeres continúan enfrentando la posibilidad de ser encarcelados, torturados o ejecutados simplemente por amar a otra persona del mismo sexo.

Lamentablemente, la asonada ideológica y falsamente moralista del régimen iraní se ha extendido a sus zonas de influencia regional, especialmente a Gaza, donde Hamás aplica los mismos criterios para reprimir la diversidad sexual.

Israel representa una realidad muy distinta en Medio Oriente. Nuestro país es el único de la región donde las personas LGBT gozan de amplias protecciones legales, pueden servir abiertamente en las Fuerzas de Defensa de Israel, ocupar cargos públicos de alto nivel, formar familias y participar libremente de la vida política y social. La ciudad de Tel Aviv se ha convertido en uno de los principales centros mundiales de turismo y cultura LGBT, precisamente porque la libertad individual constituye un valor esencial de nuestra democracia.

Obviamente, ninguna sociedad es perfecta, y en Israel la lucha por la igualdad también exige esfuerzos permanentes. Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre las democracias que buscan ampliar derechos y los regímenes fundamentalistas que encarcelan o ejecutan a quienes consideran diferentes.

En el actual escenario de Medio Oriente, donde se enfrentan visiones de mundo tan distintas, perseverar en la neutralidad equivale a avalar la discriminación y la violación de los derechos humanos de las minorías y disidencias. Para Israel, defender su libertad es un verdadero orgullo.