Cuando la emergencia también toca a la infancia

Mientras escribo estas palabras, miles de familias en distintas zonas de nuestro país enfrentan las consecuencias del sistema frontal. Durante mis recorridos por salas cunas y jardines infantiles de las regiones Metropolitana, Coquimbo y Valparaíso, pude conversar con familias, trabajadoras y trabajadores afectados por las lluvias, el viento y las inundaciones. Detrás de cada emergencia hay historias que merecen ser escuchadas.

Sin embargo, en la cobertura mediática poco se escucha la voz de los niños y niñas: cómo viven estas situaciones, cómo las comprenden y qué sienten. Dejar de asistir al jardín infantil o a la escuela, dejar de jugar con sus amigos, perder sus rutinas o percibir la angustia de los adultos puede afectar su bienestar emocional y causarles desregulación.

En Fundación Integra llevamos más de 35 años acompañando a la primera infancia y a sus familias en todas las regiones de Chile. Esta experiencia nos ha enseñado que los niños no viven ni procesan una emergencia de la misma manera que las personas adultas. Su corta edad, muchas veces, les impide explicar con palabras lo que ocurre en su interior.

Durante los primeros años, los niños todavía están desarrollando la capacidad de regular por sí mismos sus emociones y respuestas frente al estrés. Por eso, necesitan adultos que les transmitan seguridad y los ayuden a recuperar la calma.

Nuestra tarea es aprender a reconocer sus señales: el llanto, el silencio, las alteraciones del sueño o del apetito, irritabilidad, pérdida temporal del control de esfínter, pueden ser respuestas frente al estrés provocado por una emergencia.

Para brindarles seguridad, necesitamos reconocer lo que nos pasa como adultos. Cuidarnos y buscar apoyo en la familia, las amistades, los vecinos o las redes disponibles nos permite acompañarlos con mayor calma y contención. Pedir ayuda es un acto de cuidado y responsabilidad.

Y finalmente, cuando las lluvias cesen, lo que permanecerá en el corazón de nuestros niños y niñas será la voz que les dio calma, los brazos que los protegieron y el cariño que recibieron cuando más lo necesitaban.