Un título de canción, sin canción

Donde nunca se esperaron encontrar. Nadie más decepcionado con el desempeño del actual gobierno que sus entusiastas partidarios de la campaña y de su primera hora. Basta revisar la prensa de las primeras semanas para advertir el radical cambio de ánimo. El nuevo gobierno fue recibido con muchas expectativas en los círculos de derecha y los cálculos iniciales se dirigían a consolidar el apoyo recién conseguido en las urnas. Se trataba de partir con tantas iniciativas prácticas y de impacto público que se mostrara un claro contraste con el gobierno saliente.

El mantra de los primeros días fue aquello, un tanto místico, de "se nota que cambió la mano" o como decía uno de sus intelectuales, el equipo de gobierno había entrado al Estado "como una tromba", derrochando energía y determinación. Era claramente un intento de validarse por la acción bienhechora reconocida desde el inicio como tal.

La interrogante en estos días debiera ser, según el plan original, el de cuanto avance se podía registrar en la consolidación del voto blando conquistado en la elección presidencial. Indudablemente, la pérdida completa de este tipo de votantes no estaba en el libreto de nadie en el oficialismo.

La flexibilidad no es la principal característica de los habitantes actuales de La Moneda. Tal vez no sea muy sorpresivo constatar que el Gobierno no pretenda realizar ningún giro significativo para enfrentar el próximo año. Convencidos de que los buenos resultados sólo han tenido una postergación, lo que se prepara, en lo medular, es un periodo de resistencia y de mantención de posiciones.

En la encuesta Criteria, la aprobación en marzo era de 46% y ahora es el 30%, la desaprobación era del 30% y ahora llegó a 58% y la situación se invirtió con creces. En la conducción de gobierno están convencidos que la megarreforma terminará por dar resultados apreciables, en uno o dos años, y que lo mismo ocurrirá con la aplicación de la agenda de seguridad.

Pasar más de la mitad del período presidencial esperando buenas noticias, no parece razonable. Aun suponiendo que tengan razón, solo pensar en efectos beneficiosos en plazos semejantes daría pavor a cualquier político demócrata, pero aquí se acepta como algo natural.

Es la mejor demostración que se tiene de que parte importante de las decisiones de gobierno tienen su origen en un personal que no proviene de la actividad política, que no pretende seguir en sus cargos más allá de esta administración y que regresará a la actividad privada para recibir los premios que merecen.

Quedarse sin palabras en septiembre

No es solo que la conducción de gobierno se encuentra en un escenario para el que nunca se prepararon y para el que no tienen respuesta. Es también que no están en condiciones de definir un rumbo claro sin que parte de su base de apoyo político entre en franca rebeldía.

La presentación de la reforma constitucional resultó ser inaceptable para la centroderecha y así lo expresó públicamente. Desde ese mismo momento, un regreso hacia normas autoritarias quedó descartado y ahora lo que queda es abandonar la idea con el mayor decoro posible.

No únicamente quedó clausurado el intento de fortalecer el poder del Presidente eliminando los contrapesos institucionales que están incluidos en la carta fundamental, también quedó identificado el indispensable respaldo desde el segundo piso que tal iniciativa requería para presentarse. Ya no podrán implementar nuevas decisiones que toman de sorpresa a muchos ministros sin que estén todas las alertas prendidas para impedir que nuevamente se los pase a llevar.

Lo que pudo quedar como un problema extremo, pero puntual, se ha expandido como un mal contagioso a otras resoluciones polémicas. Esto incluye algo tan obvio en nuestro calendario como la conmemoración del 11 de septiembre. Esta es la primera vez que un gobierno se queda mudo en fecha tan simbólica.

Kast ha dicho que "así como no puedo borrar la historia, tampoco puedo pedirles a nuestros compatriotas que estemos condenados con nuestra historia y a no poder mirar el futuro". Es curioso porque llevamos décadas recordando el pasado con la expresa decisión de tener un mejor futuro juntos, donde nunca más se repitan horrores de un Chile de víctimas y victimarios. Y ahora nos encontramos con alguien que no puede hacer lo que tantos otros han podido.

La condena a la intrascendencia

Lo que nunca fue un problema sin solución en 33 ocasiones desde la recuperación de la democracia resultó ser una prueba insuperable para Kast. Él ya es un gobernante que dice poco y de forma muy deslavada, pero incluso en su estilo, el actual Mandatario no encontró nada que decir sin despertar las críticas de alguno de los dos grandes sectores que lo apoyan.

Este silencio es algo que debemos esperar en cualquier materia importante que este gobierno deba sortear, no por la confrontación con una oposición de izquierda, sino porque va a despertar el rechazo de una oposición de derecha ante el que no tiene respuesta. Es un gobierno sin aglutinantes.

No le quedó otra cosa que parecer desmemoriado. Günter Grass ha dicho dos cosas en relación con la memoria histórica alemana que nos parecen igual de aplicables a la realidad chilena: "El pasado no pasa; nos acompaña como una sombra que exige ser reconocida" y "lo que se calla es tan importante como lo que se dice".

Barros Luco ha pasado a la historia como el mandatario que dijo: "Hay dos clases de problemas: los que se solucionan solos y los que no tienen solución". El gobierno de Kast ha quedado reducido a esperar que, en un futuro próximo, las cosas cambien en su beneficio. Creen en sus dogmas económicos y solo hay que esperar a que sus beneficios lleguen, aunque con más retraso del esperado.

El Gobierno no está reaccionando al mal momento con acciones, sino con convicciones. Si su arribo al poder no cambió el estado de ánimo como se esperaba, no importa, ya se cambiará; si la megarreforma no atrae más inversión es porque se necesita tiempo y el que no lo entiende no sabe de economía.

Lo que le falta a la porfiada realidad es darle más tiempo para que se dé cuenta de que tiene que vérselas con un gobierno que posee la receta infalible para mejorarla. O sea, esperemos. Cualquier político sabe que eso es el desastre seguro.

La primera señal está a la vista. El alza del desempleo representa la primera emergencia agravada por esta administración, no recibida como herencia. El gobierno actúa como si todo fuera natural y no lo es. Habla mucho, pero no dice nada. A la administración Kast lo va a devorar su propio discurso de campaña.