En Chile, donde más del 80% de la población pertenece al sistema público de salud, Fonasa, el enfoque que se utilice no solo debe abordar las desigualdades existentes en la atención sanitaria, sino también adoptar un enfoque integral e inclusivo, considerando la diversidad de la población usuaria, su entorno, familias y comunidades. Es así como la Atención Primaria en salud (APS), conformada por entidades, como los Centros de Salud Familiar (Cesfam), Centros Comunitarios de Salud Familiar (Cecosf) y postas rurales, al ser los más cercanos a los diferentes territorios, tienen un rol primordial, favoreciendo la prevención, el autocuidado y la promoción de la salud en las comunidades.
Sin embargo, no siempre es claro lo que implica la promoción de la salud; al ser un proceso político y social que se enfoca en "las causas de las causas de las enfermedades", se dificulta comprender cómo fortalecer las capacidades individuales y colectivas en búsqueda del bienestar comunitario. La idea es empoderar a las comunidades, movilizando los recursos propios para abordar las desigualdades en salud, dando cuenta de las barreras que tienen las personas para adoptar conductas saludables. La promoción en salud incorpora acciones para modificar las condiciones socioeconómicas y ambientales, al favorecer contribuciones positivas al bienestar comunitario
Es común en esta búsqueda el centrarse en lo que falta, en las necesidades insatisfechas, en las carencias de la población, en las demandas a las autoridades, lo que, sin dudas, es algo absolutamente válido, que no debe dejarse de lado. Sin embargo, es evidente que las personas y comunidades poseen fortalezas, patrimonios culturales y recursos locales que considerar.
Estos recursos, denominados "activos comunitarios" pueden ser personas pertenecientes a la comunidad, dirigentes sociales, agrupaciones de vivienda, grupos de mujeres que se hacen cargo de ollas comunes, juntas de vecinos y vecinas, organizaciones o instituciones que favorecen el empoderamiento de la ciudadanía. También pueden ser la escuela, la iglesia, el club de lectura, las instituciones de educación superior, una plaza, un memorial, espacios públicos que la comunidad los haga propios. Se reconocen en estos activos favorecedores del bienestar comunitario, a las organizaciones artísticas, los museos, las fiestas patrimoniales, a personajes con conocimientos tradicionales, centros culturales entre otros. Cada organización o miembro de la comunidad puede potencialmente ser un generador de cambios aportando a la salud y bienestar colectivo, transformándose en una fuerza movilizadora en la comunidad.
Hoy la recomendación a nivel de APS es identificar estos activos comunitarios, valorando el trabajo que la propia comunidad puede hacer por su salud, reconociendo que, todas las personas poseen talentos y que pueden aportar conocimientos e información, apoyando las iniciativas que nacen desde los centros de salud, a lo que se suma la posibilidad de generar proyectos propios promotores de salud. Es primordial, además, visualizar las diversas conexiones entre estos activos para el desarrollo efectivo de la salud comunitaria.
Establecer estas relaciones entre los activos comunitarios nos permite comprender los factores generadores de salud a nivel local: todo suma, siendo clave que las autoridades y personal sanitario, sepan valorar y respetar estos activos que contribuyen a que las personas mantengan y aumenten su bienestar. Como lo señala Paulo Freire, "nadie lo sabe todo, nadie lo ignora todo", por eso, la trasformación de la salud de un territorio es un acto colectivo, nunca un resultado individual. Al reconocer esto, no le restamos relevancia a lo estructural, sino más bien, lo vemos como complementario al enfoque de determinantes sociales del proceso salud-enfermedad-atención y a la responsabilidad estructural del estado en el bienestar de las personas familias y comunidades.