Estas últimas semanas me ha tocado conversar con muchas personas sobre la inteligencia artificial (IA) y, en específico, sobre sus efectos en la educación. Las opiniones son diversas: algunas personas manifiestan una postura negativa, mientras que otras sostienen que el mundo está cambiando y que debemos ser parte de esa transformación.
Desde mi punto de vista, el problema es que estamos analizando este fenómeno desde el mito de la caverna de Platón, donde los hombres solo ven las sombras proyectadas por la luz que entra a la caverna y deben liberarse para alcanzar el conocimiento y comprender la realidad. Hoy enfrentamos una situación similar en las universidades, algunos permanecen en la oscuridad, aferrados a lo conocido, mientras que otros han quedado cegados por el brillo de la novedad, sin advertir los riesgos reales que implica esta transformación.
Los cegados por la oscuridad prefieren que todo permanezca como está. Creen que nada cambiará y que es mejor mantener el statu quo. Muchos perciben la IA como algo completamente ajeno o incluso amenazante, de forma similar a cuando los primeros habitantes de América vieron llegar a los conquistadores montados a caballo. Sin embargo, la IA es, ante todo, una herramienta que amplía las capacidades de quienes poseen conocimientos y saben utilizarla. El problema es que la revolución de la IA avanza a una velocidad extraordinaria y genera nuevas formas de desigualdad, tanto por acceso como por brechas generacionales.
Por otra parte, otros están cegados por los rayos del sol. La incorporación de la IA también está fomentando la dependencia tecnológica. Por ejemplo, un niño puede tomar un teléfono celular, preguntar cuánto es 20 + 20 y obtener inmediatamente la respuesta: 40. Sin embargo, llegar a comprender una operación tan sencilla ha requerido años de aprendizaje. En la educación superior esta situación se multiplica. The Clinic, en el reportaje "Analfabetismo ilustrado: por qué los universitarios ya no pueden leer textos complejos y el colapso de la comprensión de lectura en Chile", hace hincapié en esto.
El verdadero desafío consiste en definir cómo incorporamos la IA al proceso educativo sin renunciar al desarrollo de las capacidades intelectuales que han sustentado la formación universitaria.