Conectar Magallanes bajo el Estrecho

En Magallanes, la geografía no es solo paisaje. Define distancias, tiempos de viaje y posibilidades de desarrollo. Allí, la conectividad con el continente incide en la vida cotidiana y en las oportunidades de sus comunidades.

Analizar la posibilidad de establecer una conexión permanente bajo el Estrecho de Magallanes implica abordar un desafío que va mucho más allá de la infraestructura. También exige definir cómo ponemos el conocimiento y las capacidades de la ingeniería al servicio del desarrollo territorial y de las necesidades del país.

El gobierno regional de Magallanes y de la Antártica Chilena y la Escuela de Ingeniería de la Universidad Católica firmamos un convenio de colaboración que contempla, entre sus primeras iniciativas, un estudio conceptual sobre la factibilidad de construir un túnel bajo el Estrecho. No estamos anunciando una obra ni anticipando su viabilidad. Estamos dando un primer paso, como es estudiar con seriedad una alternativa antes de decidir si corresponde avanzar.

Esa distinción importa. La ingeniería no comienza con una respuesta, sino con una buena pregunta. No consiste en enamorarse de una solución, sino en reunir evidencia, reconocer incertidumbres y evaluar opciones con rigor. Un proyecto de esta magnitud exige integrar dimensiones geotécnicas, constructivas, ambientales, logísticas, comunitarias y geopolíticas.

Ahí está el sentido más profundo de este convenio. Conectar la experiencia de la región con las capacidades de la Universidad de Magallanes, Ingeniería UC y el gobierno regional. Articular academia, Estado y comunidades desde el comienzo, para que la evidencia se transforme en mejores decisiones, y éstas respondan a necesidades reales.

También es una oportunidad formativa. Estudiantes de pregrado y postgrado podrán participar mediante tesis, proyectos de título, cursos y prácticas vinculadas con desafíos de la región. Allí aprenderán que detrás de cada cálculo existen personas, ecosistemas y decisiones colectivas, y que la excelencia profesional alcanza su sentido más profundo cuando contribuye al bien común.

Durante mucho tiempo, las universidades hemos sido evaluadas por el conocimiento que producimos. Hoy debemos serlo también por nuestra capacidad de conectarlo con las necesidades del país. No significa reemplazar a las instituciones públicas ni ofrecer respuestas apresuradas, sino aportar rigor, formular las preguntas difíciles y crear espacios donde conocimientos distintos puedan encontrarse.

En un plazo de alrededor de seis a ocho meses desde que se inicie el estudio conceptual del proyecto, esperamos contar con antecedentes para decidir responsablemente si esta alternativa debe avanzar. Incluso si la evidencia obliga a reformularla o explorar otro camino, el estudio habrá cumplido una función esencial al reducir la incertidumbre y orientar con seriedad las decisiones y los recursos públicos.

Esa es la ingeniería que queremos impulsar. Una ingeniería exigente en su análisis, abierta a otras miradas y comprometida con los territorios y las personas. Ese es también el propósito que orienta este convenio, sumar capacidades para producir evidencia, apoyar mejores decisiones y contribuir al desarrollo de Magallanes.

Este es un ejemplo de cómo se puede transformar Chile, conectando el conocimiento con las necesidades reales de sus territorios y trabajando juntos para convertir desafíos complejos en oportunidades.