El significado de la ciencia

La ciencia ha permeado con fuerza en las conversaciones públicas las últimas semanas. Más allá de los debates, deseo aprovechar esta oportunidad para reflexionar sobre qué es lo que llamamos ciencia, cuál es su valor, cómo se genera ese valor, y poder así analizar sobre qué es lo que entonces la ciencia significa.

La ciencia es una actividad humana, así como el arte, la filosofía, o la política. Es un quehacer que busca comprender nuestra realidad. La amplitud de este quehacer es notable: desde entender qué ocurrió en el origen del universo, hasta las dinámicas que nos permiten descifrar la vida. El despliegue de este quehacer en general parte de una curiosidad inherentemente humana: queremos saber por qué y cómo pasan las cosas.

Para poder acceder a este saber es que invocamos al llamado "método científico", que, más que un método con pasos rígidos es, ante todo, una manera de pensar -como enfatizó Carl Sagan-. Para ilustrar el cómo opera el pensamiento científico me gusta contar una historia de la física de partículas. En 2011 el experimento OPERA reportó una medición anómala en el comportamiento de los neutrinos, que son partículas elementales que nos llegan constantemente del sol y otros lugares de la galaxia. El experimento midió que la velocidad de estos neutrinos provenientes del laboratorio CERN hacia Gran Sasso superaba el límite de la velocidad de la luz. Albert Einstein nos enseñó que nada puede moverse más rápido que la velocidad de la luz en el vacío. ¿Cómo entonces podíamos hacer sentido de esta medición, que, de ser cierta, quebraba la teoría conocida y comprobada del mundo subatómico?

La necesidad de entender qué pasó gatilló el escrutinio de la comunidad científica. Se realizaron una serie de nuevas mediciones, se crearon nuevas tecnologías para medir los tiempos y controlar el haz de neutrinos. Finalmente en 2012, tan solo un año después, los científicos lograron dilucidar que el origen había sido un problema técnico en la medición (o un "cable pelado" como recuerdo fueron las palabras de un gran profesor), concluyendo que los neutrinos no se movían más rápido que la luz.

Esta historia deja en evidencia el poder del quehacer científico. Un resultado inesperado, del cual se dudó, fue puesto a prueba. La capacidad de cuestionar, para luego poder confirmar (o refutar) una observación u evento mediante la búsqueda de evidencias es indispensable si queremos conocer la realidad acerca de algo.

Este proceso no es gratis. Necesita de recursos económicos importantes y sostenidos en el tiempo. Requiere un arduo trabajo, a veces de miles de personas. Es un quehacer intelectualmente audaz, que no teme a ser criticado, que requiere de validación constante, y que a su vez, genera preguntas que nos permiten acceder a nuevo conocimiento.

Este nuevo conocimiento es comunicado en publicaciones científicas que pasan por revisión y validación por pares, charlas, artículos o libros. Se manifiesta en infraestructura física e intelectual, formando y empleando personas y generando ecosistemas científicamente pensantes, capaces de tomar decisiones basadas en evidencias, a veces no del todo completas. Se materializa también en el desarrollo de tecnologías que, en escalas de tiempo a veces impredecibles, pueden ser puestas al servicio de la sociedad, y que a su vez pueden gatillar nuevas industrias que generan nuevos empleos.

Ejemplos concretos desde las matemáticas o la física abundan. El querer unificar matemáticamente las ecuaciones de la electricidad y el magnetismo, como hizo el físico James Clerk Maxwell en 1865, predice las ondas electromagnéticas que dan luego paso a la radio, el radar, la televisión o el Wi-Fi. El estudio de los números primos ha dado origen a sistemas de criptografía que hoy definen nuestra ciberseguridad. El querer entender el comportamiento fundamental de la materia y la energía dieron origen a la teoría cuántica y a la industria de semiconductores y transistores que hoy gobiernan nuestros aparatos electrónicos.

La necesidad de compartir los datos generados de las colisiones de partículas en el CERN, el laboratorio que busca comprender de qué está hecho el universo y qué leyes gobiernan las más pequeñas escalas, dio origen a la World Wide Web, que es hoy un pilar del comercio digital. También en el CERN se desarrollan radionúclidos para investigación en tratamientos contra el cáncer y terapia de hadrones que hoy salvan vidas.

Es así como la ciencia, desde su curioso rigor, ha generado numerosas contribuciones a nuestro desarrollo y bienestar. Quizás una pregunta relevante hoy en día sea ¿qué significado tiene la ciencia para nosotros mismos como individuos y como sociedad? En las palabras de Tim Lewens, en su libro "The Meaning of Science" (El Significado de la Ciencia): "Esa no es una pregunta que la ciencia pueda responder por sí sola". A mi parecer, su valor más íntimo radica en su forma de pensamiento autorreguladora. Si la evidencia amerita cambiar de opinión, se cambia de opinión. No hay certezas, sino que se abraza la duda. La ciencia es una herramienta, una manera de pensar crítica, una forma de ver y hacer las cosas que nos permite enfrentar el mundo.

Nos protege, como anticipó Richard Feynman en 1964, de la expansión de ideas de control de pensamiento y de las amenazas modernas -sea una pandemia, las pseudociencias, la IA-, nuestra ignorancia, o los desafíos que vengan. Un mundo científico es un mundo en donde se quiere descubrir y comprender. Y hacer ciencia significa asumir una búsqueda permanente, es un viaje a Ítaca, hacia los límites de nuestro conocimiento.