Los objetivos del proceso constituyente

El proceso de elaboración de la nueva Constitución significará el fin de una época marcada por la fuerte presencia de una estructura institucional coherentemente diseñada para mantener un régimen político y económico que ha favorecido a un sector de la sociedad en el cual ha concentrado el poder, la riqueza y los privilegios; que se ha reflejado en una sostenida manifestación de abusos de los poderosos en las distintas esferas de la sociedad, por la desmesura en la ostentación de la predominante filosofía del tener, por las inequidades injustificables basadas en la arbitrariedad y su reflejo en la segregación social de nuestras ciudades, de acceso a los propios bienes públicos como la seguridad, la educación, la salud, los espacios de recreación, la infraestructura urbana, el transporte público, los servicios financieros como el crédito, en suma, en el bienestar y calidad de vida.

Se prometió el mérito como mecanismo de acceso, pero a poco andar se ha transformado en un espejismo tan seductor como decepcionante.

Si bien una nueva Constitución constituye un hito político de envergadura histórica, más aún en nuestra sociedad donde nunca antes la ciudadanía ha participado en un proceso de esta trascendencia, también es necesario señalar que ello no resolverá todos los problemas que plantearon su discusión, pero que si abren un camino de deliberación que permitirá la búsqueda de soluciones ya no impuestas o condicionadas por vetos minoritarios, sino acordadas, convenidas o consensuadas a través de voluntades mayoritarias.

Hay que tener claridad inicial de que este será un proceso profundamente político que involucrará una disputa por el poder  y la deliberación por la supremacía de ciertos valores e instituciones sociales.

No tener claridad y conciencia de que será un proceso de discusión colmado de obstáculos que impedirán el acuerdo, puede llevar tempranamente a la frustración y terminar el periodo sin un nuevo texto constitucional.

Desarmar los atávicos traumas será uno de los primeros desafíos que deben abordarse y ello debe comenzar en la campaña para el plebiscito de abril, incluyendo luego la elección de los convencionales constituyentes.

En este sentido, me parece esencial que debiéramos ser explícitos en declarar ahora cuáles debieran ser los objetivos del proceso de elaboración constitucional.

A mi parecer, el primero y más importante dice relación con la reconciliación nacional pendiente en varios temas dicotómicos que hemos una y otra vez postergado a pesar de los esfuerzos que en algunos momentos se han realizado.

La reconciliación política signada por las violaciones a los derechos humanos es una herida en el alma nacional como se ha señalado y que aún sigue pendiente.

La reconciliación con nuestros pueblos originarios, lo que implica un reconocimiento a nuestra diversidad étnica y cultural.

La reconciliación entre la capital central y las regiones del país, este esfuerzo tantas veces postergado e insuficientemente abordado.

La reconciliación entre los sectores sociales que conviven segregados como desconocidos en todos los espacios de convivencia ciudadana.

Si nos encontramos en este trance conflictivo, no podemos dar la espalda a los temas que nos dividen, a aquellos que han desatado la crisis que nos tiene en el momento de construcción de un nuevo pacto social, por lo que todo el itinerario debe estar diseñado de forma tal que favorezca la emergencia de un sentido de identidad nacional común a través de un proceso inclusivo donde todos nos sintamos formando parte y no solo sea de quienes lo están activamente, pues este debe volcarnos como comunidad tanto a mirar el futuro como a enfrentar los dramas del pasado.

También se debe promover y asegurar una amplia participación en todo el proceso, ello es  esencial para fortalecer la legitimidad del nuevo compromiso, pero también como oportunidad debe marcar la historia del proceso mismo y no dar cabida a que se recuerde en el futuro como la Constitución de un moderno Mariano Egaña, de un nuevo José Maza o de otro Jaime Guzmán. Los expertos deben vencer la desconfianza que tradicionalmente han tenido en la ciudadanía para entender los temas complejos y deben encontrar cuál es su mejor lugar en el proceso y no pretender remplazar al soberano ni al proceso deliberativo constituyente que hemos iniciado. Para aspirar a una democracia duradera, debemos realizar esfuerzos por construir confianza en la capacidad y criterio del pueblo.

Es condición necesaria abordar la formación cívica para la participación en el proceso constituyente y que el papel del grueso de la ciudadanía no se remita a los actos electorales considerados.

Se debe garantizar que el proceso de deliberación sea informado y transparente, especialmente en estos tiempos donde las redes sociales constituyen no sólo importantes, sino únicas fuentes de información de grandes sectores ciudadanos.

La formación cívica puede ser un catalizador de la manipulación e intentos de entorpecimiento de acuerdos y consensos, por lo que debiéramos tomarnos en serio este desafío y apoyar las iniciativas formativas convocadas por las universidades y organizaciones de la sociedad civil, de modo que la participación no sea considerada como momentos excepcionales de simple suma de intereses y demandas, sino que se perciba como un continuo que ofrezca oportunidades de opinión permanente y significativa durante todo el proceso, que contribuya a la creación de un ambiente de confianza y transmita transparencia e integridad del proceso deliberativo y de la actuación de los constituyentes, la mejor manera de asegurar legitimidad.

Seguramente usted espera alcanzar otros objetivos y que estos queden plasmados en el nuevo texto constitucional, tal vez usted tenga una agenda de prioridades de cambio social, quizás quiera incorporar otros valores nacionales e incluso aspira a que se refleje en el un nuevo tipo de sociedad y funcionamiento de las instituciones públicas, todo ello debe ser objeto de debate sin duda, pero para que ello ocurra, se alcance y permanezca, se debe trabajar y lograr desde ahora un ambiente de mayor reconciliación, asegurar una participación sustantiva de la ciudadanía y desplegar un proceso de preparación cívica para asegurar lo anterior.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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