Primarias: insuficiencias y riesgos

Se encuentra en tramitación en el Senado el proyecto de ley que establece el sistema de elecciones primarias para la nominación de candidatos a Presidente de la República, parlamentarios y alcaldes. Tal proyecto, busca constituir y regular un sistema de elecciones primarias a ser usado por los partidos políticos para la nominación de candidatos a los cargos de elección popular que determina la ley.

La propuesta de democratización de los partidos por medio de las primarias, sean éstas cerradas a solo los militantes o abiertas al público en general, generan indiscutiblemente un cierto acercamiento entre los políticos y los ciudadanos, debido a la directa influencia de los segundos sobre la elección de los primeros.

Esto ha surgido siempre como una fórmula para atacar la crisis de representatividad de los partidos y para minimizar las prácticas oligárquicas al interior de los mismos.

Sin embargo, tales fórmulas no implican necesariamente un desarrollo del modelo democrático en su totalidad tal como lo presenta el gobierno, apuntando por medio de ello a mejorar problemas como la baja en la participación electoral, el envejecimiento del electorado, y sobre todo por el aumento de la desconfianza ciudadana hacia los partidos políticos.

Las consecuencias que se siguen de una ley de primarias se concentran en cuatro puntos fundamentales.

En primer lugar, tales procedimientos pueden generar la elección de candidatos sin las competencias necesarias frente a la opinión pública, lo cual no asegura que éste tenga capacidad competitiva para hacer frente a otros candidatos mejor posicionados. Un proceso de elecciones primarias, tiende a reproducir las posturas ideológicas de quienes participan de forma más activa, valorando un candidato que encuadre en ese contexto.

Del mismo modo, los actores que influyen directamente en tales procesos, tienen un peso mayor que quienes no participan activamente. Si bien una elección primaria, sea abierta o cerrada, permite el voto de una diversidad de ciudadanos, sean militantes o no, tenderá a prevalecer el voto de quienes tienen una militancia más activa y una participación más estable, que el de quienes no lo hacen; lo cual pone en duda el supuesto impacto en la participación política.

Por otro lado, al enfrentar a dos candidatos de un mismo partido, la competencia entre ambos termina por alejarse de los intereses públicos del partido en cuestión, y  por convertirse en una disputa entre iguales que destaca y saca a flote defectos que no son relevantes frente a la opinión pública; lo cual agudiza la desconfianza frente a las instituciones políticas, ya que se exacerba el distanciamiento frente a intereses públicos, generando un extrañamiento frente a los procesos internos de los partidos y al mismo tiempo crea la impresión que éstas funcionan ajenas a intereses relevantes para la ciudadanía.

Otro efecto negativo, en este contexto, puede ser el aumento de fraccionamiento interno de los partidos.

Por último en la elección de un candidato por un sistema de primarias, predominan la oferta programática de tal candidato por sobre los del partido mismo, lo cual es terreno fértil para el surgimiento de populismos u outsiders.

Un partido con diferencias programáticas internas no puede generar una estrategia estable y coherente (ya sea con o sin elecciones primarias), ya que el choque de las personalidades y sus propios intereses anulan la posibilidad de unidad y de acción del partido.Institucionalizar un sistema de partidos supone disminuir y no potenciar el caudillismo.

Si bien las primarias otorgan al sistema político la posibilidad de robustecer sus funcionamientos internos incluyendo la participación más activa de los miembros que ya cuentan con un nivel de participación tradicional, esto no implica necesariamente la inclusión de esferas excluidas, ni conexiones más eficientes con las demandas ciudadanas, ya que como se discutió -se trate de participación de militantes o de forma libre-, la propuesta no produce cambios significativos.

Por tanto queda en suspenso la solución frente a problemas como la inclusión de actores y colectividades excluidas, al encantamiento de nuevos electores al padrón electoral, el rejuvenecimiento del electorado o los problemas de representación y legitimación política.

Mientras se sigan buscando soluciones de tipo puramente ideal y no soluciones fácticas como cambios drásticos al sistema binominal (o su anulamiento total), tendremos luego de propuestas insuficientes como la reestructuración parlamentaria bicameral a unicameral o la promulgación de una ley de primarias, la proliferación de movilizaciones y manifestaciones sociales fruto del descontento ciudadano.

No es posible sostener que una ley de primarias tenga por sí la capacidad de solucionar problemas ligados al sistema democrático en su totalidad, sin que ésta venga acompañada por reformas más profundas en materia política.

Un desarrollo democrático sustantivo requiere per se un gobierno con una mayor flexibilidad en sus conexiones con el mundo ciudadano, buscando incansablemente un equilibrio entre los mensajes comunicativos desde y hacia los centros de adopción de decisiones. Y esto no se logra mediante una ley de primarias.

La combinación más efectiva para una democracia en constante mejoría, viene dada por la constante interacción entre gobierno y sociedad civil.

La ley de primarias en conclusión, se presenta como una solución formal a un tema de una profundidad mayor a la que pretende atacar. Tal problemática es indiscutiblemente la crisis de legitimidad política, que aleja los intereses y la participación de sectores excluidos.

En este sentido, la ley de primarias actúa como una excusa para no abordar el fondo del problema: la capacidad representativa del modelo democrático chileno, que no será mejorable sino atacando los problemas de distribución de poder social en Chile, o sea, reestructurando o eliminando el sistema binominal e impulsando una reforma tributaria que diluya las asimetría estructurales de la sociedad.

Versión extendida en:
http://www.asuntospublicos.cl/2012/04/elecciones-primarias-y-democracia-una-complementariedad-inconsistente-parte-i/

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