Sobran peleas, faltan sueños

Continúa el debate sin fin dentro de las fuerzas de la Nueva Mayoría, sobre qué fue primero si el huevo o la gallina para explicarse la pérdida de votos y el impactante crecimiento de la abstención en las recientes elecciones municipales.

En efecto, los analistas debaten si el problema estuvo en el gobierno o los partidos, si las reformas fueron muy radicalizadas o muy moderadas, si fueron realmente estructurales o si sólo fueron "reformitas", como dicen algunos; o sea, hay una inercia que insiste en que los males que aquejan a la centroizquierda obligan a seguir buscándole el cuesco a la breva, no importa que se quede por los siglos de los siglos sin llegar a conclusión alguna que permita una acción política medianamente eficaz.

En este caso, ante tantas dudas e incluso divergencias, se plantea la pregunta ¿por dónde empezar? ¿Cuál es el eslabón de la cadena, que debiese permitir sujetar y dar orientación a tantos actores y factores que hoy están dispersos?

Cada vez que se reabren estas pugnas, hay que insistir en el cómo hacer para no seguir agotándose en el círculo vicioso del canibalismo político, aquel que consume tantas energías, que embrutece y abruma, en que sobran peleas y faltan sueños.

En mi opinión, sería un gran paso adelante juntar las fuerzas en una tenaz lucha contra la abstención, en concreto, se trata de promover una gran movilización social para rescatar y recuperar el valor de votar, de ejercer la voluntad soberana y decidir  votando, quién será gobernante del país y las fuerzas que le sustentarán en ese empeño. En este enfoque, la tarea de las tareas es reducir la abstención que ha ido creciendo en medio de la desafección y el desencanto que afecta la conciencia social del país.

Esa es la mejor tradición allendista, la conquista del voto de las personas, la piedra angular del ejercicio de la soberanía popular.

Recuerdo cuando inmediatamente después del paro desestabilizador de octubre de 1972, en plena emergencia económica, social, política e incluso institucional, el Presidente Allende convocó a La Moneda a los dirigentes estudiantiles de la entonces Unidad Popular, entre los que me encontraba, para urgir a ese puñado de adherentes a mirar más allá de la contingencia, por difícil que ella fuera, hacia las elecciones parlamentarias de marzo de 1973 y aquilatar su decisiva trascendencia.

Era un llamado apremiante a no caer en la provocación de las fuerzas golpistas, a no dejarse arrastrar a las consignas que desviaban del objetivo principal, como era la de "crear, crear, poder popular" la que, en su opinión, tenía solo efecto negativo, ya que impulsar o propugnar una doble institucionalidad iba a restar y no sumar, aislar y no ampliar el campo de fuerzas necesario de agrupar para derrotar el golpismo. Su idea no admitía una doble interpretación; para prevalecer "la vía chilena" tenía un camino la evolución y transformación institucional del país.

En su intervención se apasionaba y con calor interpelaba, “se imaginan jóvenes, recuerdo que nos dijo, “la trascendencia y la proyección que tendría el triunfo electoral de las fuerzas de la Unidad Popular"?  y concluía que un buen resultado en esas elecciones de marzo de 1973, abriría el camino hacia los comicios de 1976 con un proceso de cambios que proseguiría su avance "en democracia, pluralismo y libertad".

Con ello rebelaba su sueño y su estrategia de construir una nueva sociedad sin hacer dejación del pluralismo político y de las libertades fundamentales, de economía mixta y de una conciencia social solidaria, esa visión de largo plazo, requería del voto de la ciudadanía para hacerse realidad.

Ese fue su anhelado proyecto político con que conmovió al mundo y que hizo de Allende una figura universal.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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