Lo ocurrido el pasado miércoles 8 de abril en la Universidad Austral de Valdivia no fue una manifestación legítima, fue síntoma de degradación cívica, ocurrido en un espacio donde siempre deberían primar las ideas, la tolerancia y el respeto. La imagen de la ministra de Ciencias, Ximena Lincolao, retenida y luego agredida mientras intentaba cumplir con su agenda en la región, no solo es una afrenta a su investidura y su persona, sino un ataque directo al corazón de nuestra convivencia democrática.
Para entender la magnitud de la afrenta, es necesario mirar quién es la mujer detrás del cargo. Ximena Lincolao no ha hecho una carrera política tradicional, pero llegó ahí por su propio mérito. De origen mapuche, forjó su camino desde la educación pública hasta convertirse en una científica de renombre internacional, con un doctorado y una carrera académica destacada en Estados Unidos. Su vida simboliza la movilidad social y el mérito que Chile dice valorar. Que una mujer con esta biografía haya sido violentada de manera tan vergonzosa y cobarde daña nuestra confianza en el futuro.
Por lo mismo en este caso tenemos la obligación de ser categóricos y condenar la violencia ejercida sin peros y sin matices. No existen "contextos" que justifiquen la agresión física o el amedrentamiento contra ninguna persona. Es imperativo que nuestra sociedad deje de caminar por la peligrosa cornisa de la ambigüedad cuando de violencia y cancelaciones se trata.
Las legítimas demandas sociales y el derecho a la manifestación son pilares de una democracia donde caben todas las opiniones, pero donde la violencia es su antítesis. Confundir ambas expresiones es el camino más corto hacia el autoritarismo, el populismo y la anarquía.
Asimismo, es urgente recuperar la universidad como el templo sagrado del pensamiento, donde la única arma permitida sea la palabra y el único combate permitido sea el de las ideas. No podemos permitir que el grito, ni menos la agresión, acallen al argumento.
Chile enfrenta desafíos colosales en este siglo XXI: el cambio climático, la revolución tecnológica acelerada por la Inteligencia Artificial y la cohesión social, solo por nombrar algunos. Ninguno se resolverá en medio de un clima de hostilidad. Solo un país capaz de escucharse sin agredirse podrá construir acuerdos duraderos. Es momento de detener la espiral de odio y polarización antes de que sea demasiado tarde. No es una opción: es una condición básica para que la democracia siga siendo posible.