Unidad y lucha por los derechos alcanzados

Estamos en el mes aniversario del Partido Socialista de Chile y pocas veces han existido los desafíos e interrogantes que se plantean en la actualidad. Tanto en la situación global como en el ámbito nacional se acumulan las preguntas y retos ante el socialismo chileno. Se vive una tensión mundial como no la había, probablemente, desde la "crisis de los misiles" entre la desaparecida Unión Soviética y Estados Unidos, a inicios de la década de los '60, del siglo pasado. Ahora, Trump impuso una política de guerra y dominación como no la hubo durante medio siglo. Asociado a esta aguda incertidumbre se produjo un aumento del peso político y social de la ultraderecha como tampoco se tenía memoria.

Luego, en el plano interno, la presidencia de Kast instaló en el Poder Ejecutivo a un agrupamiento de fuerzas conservadoras hegemonizadas por la ultraderecha que se siente heredera del proyecto de "democracia protegida" que, en los años '80, pretendieron perpetuar Pinochet y Guzmán con el respaldo castrense de la época, también de los grandes consorcios financieros del país. En esa visión el rol la ciudadanía sólo obedece el dictado del núcleo oligárquico en el poder.

Por eso, ha imperado en el gobierno un afán autoritario, de pretender tomar desquite en contra de quienes en largos años de esfuerzo fueron reimplantando la institucionalidad democrática. El avance social paulatino, desde la exConcertación a la fecha, pretende ser deshecho por el núcleo de poder que lidera J.A. Kast. Ese espíritu reaccionario ha provocado el ánimo revanchista que ha llevado al despido de funcionarios de la administración pública por su sola condición de militantes socialistas o de izquierda.

De modo que se produjo un drástico cambio desde un gobierno progresista, respaldado por la izquierda y la centroizquierda, hacia un heterogéneo grupo de sectores conservadores, con un núcleo rector de ultraderecha. Se trata de un grupo minoritario que contó con mayoría electoral para implementar una voluntad de concentración del ingreso y la propiedad que, en breve tiempo, desarticula profundamente la cohesión social avanzada en los últimos años.

Como es lógico, el ascenso de la ultraderecha ha generado desde roces, desacuerdos, hasta desánimo en las agrupaciones de izquierda. Reponer la voluntad de defender la democracia y sus avances, aunque sean limitados, es esencial. Para ello, la clave es la unidad en la diversidad, mantener una política de oposición, amplia, responsable que, respetando la identidad de cada fuerza, logre poner lo que une por sobre lo que divide, ese reagrupamiento es fundamental.

Este drástico cambio político e institucional ha coincidido con la crisis mundial generando que las consecuencias del alza de los combustibles haya sido trasladado por el gobierno, de manera prácticamente íntegra a los sectores medios y populares, recargando los costos del sistema productivo, facilitando que los controladores del sistema financiero y de distribución de combustibles aumenten las utilidades a un grado exacerbado de acumulación del patrimonio nacional. Se hizo evidente el peso preponderante de esos consorcios en las decisiones gubernamentales.

En consecuencia, en la izquierda, y para el Partido Socialista, la defensa de las condiciones de vida y de los derechos fundamentales de la población es una tarea primordial. El alza de los combustibles conlleva el aumento inmediato de los precios de los alimentos y artículos básicos. El salario mínimo y la PGU pierden parte sustantiva de su valor y los trabajadores, lamentablemente, retrocederán en sus condiciones de vida, con estas decisiones económicas y sociales será inevitable el aumento de la pobreza.

Unidad y lucha por los derechos alcanzados. Esa es la brega de los próximos meses, defender los intereses populares, retomar los vínculos sociales históricos con excluidos y desplazados. El costo de la crisis global no puede recaer sobre la clase trabajadora, retrocediendo sus derechos laborales y sus condiciones de vida al tiempo de la dictadura pinochetista, incluso reduciendo los impuestos a los más ricos concentrando aún más la riqueza en unos pocos mega consorcios. Esta súper explotación es inaceptable. Las fuerzas populares no pueden ser despojadas de avances económicos y sociales que costaron luchas de mucho tiempo.

Asimismo, se requiere velar por la soberanía nacional en la política exterior. La actual administración norteamericana, a través de una peligrosa estrategia de confrontación, ha sembrado la incertidumbre a nivel global y pone en práctica una conducta de imposición colonial hacia América Latina que es totalmente inaceptable. Kast no puede limitarse simplemente a respaldar a Trump en todo lo que le pide y que luego lo sitúen al final de la fila. El súbdito incondicional carece de interés para el Estado hegemónico.

Por otra parte, el Partido Socialista se propone llevar a cabo una conferencia  programática que le permita dialogar y reflexionar, con vistas a diseñar una propuesta país que contribuya a reagrupar una mayoría social necesaria para gobernar Chile. Inspirados en la "vía chilena", el legado histórico de Salvador Allende. Hay que articular el corto con el mediano y largo plazo. Defender lo avanzado en democracia y proyectar un país más justo y digno para el futuro.

Un aniversario siempre resalta los valores esenciales que han inspirado al Partido Socialista en sus más de 90 años, como también, rinde el justo homenaje a sus héroes y mártires, caídos en la lucha por la libertad de Chile, en especial, al presidente Salvador Allende, quien nos convoca a la unidad y el entendimiento necesarios para la defensa de los intereses de Chile, atropellados por la voluntad oligárquica de la ultraderecha en el poder. Nuestro himno partidario nos enseña: "jamás desertar".