La Lista de Schindler de un diplomático chileno

¿Vio usted la película “La Lista de Schindler”, dirigida por Steven Spielberg y ganadora de siete premios Oscar de la Academia?


Como seguramente recordará, dicha película se basó en la biografía de un empresario alemán, Oskar Schindler, quien gracias a una serie negociaciones con las autoridades nazis de un campo de concentración de Cracovia, logró que cerca de 1.100 judíos polacos–a quienes tenía registrados como sus operarios- pudieran sobrevivir al Holocausto judío.


Si le contara que un diplomático chileno arriesgó también su vida durante la Segunda Guerra Mundial, elaborando una lista que permitiera a un grupo de familias polaco-judías, residentes en Rumania, escapar de lo que los nazis llamaban “la Solución Final”¿me creería?


Gracias a la investigación que iniciara de motu propio el diplomático chileno Jorge Schindler (quien no es pariente del citado Oskar Schindler) puedo contarles brevemente un caso de valentía, honor y lealtad que merece ser difundido ampliamente.


El trabajo de recopilación que comenzó Jorge Schindler fue motivado por una carta que el ciudadano polaco-judío Sr. Oli Kotzer, dirigió a la Embajada de Chile en Israel, el año 2011, que en parte señalaba.


¿Por qué mi familia obtuvo en enero de 1942, en Rumania, un pasaporte o laissez passer expedido por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile?


Gracias a esta carta y al estudio citado, la Cancillería chilena se enteró que el Encargado de Negocios de Chile en Rumania, Samuel del Campo, entre los años 1941 y 1943, en peligrosas y dificilísimas circunstancias,consiguió la liberación y posterior extradición de 250 familias del ghetto de la ciudad de Czernowitz, territorio hoy perteneciente a Ucrania.


¿Por qué un diplomático de Chile, acreditado en Rumania, intervino en auxilio y protección de ciudadanos polaco-judíos en ese país?


La respuesta es más simple de lo que parece.


Al inicio de la Segunda Guerra Mundial y dada la neutralidad de Chile en este conflicto, nuestro Gobierno en el año 1941, aceptó representar los intereses de Polonia en Rumania. Sin embargo, y aquí está el detalle de este relato, el Gobierno de Chile nunca instruyó a sus diplomáticos sobre cómo actuar frente a la persecución, ataques y deportaciones de los refugiados judíos.


Cuando el Encargado de Negocios a.i. Samuel del Campo decidió ayudar a estas familias, en su calidad de representante de los intereses polacos en Rumania, lo hizo solo y sin ayuda de su Cancillería, a sabiendas que no sería respaldado en dicha empresa humanitaria, y lo que es peor, de estar arriesgando su propia vida.


Como usted señor lector/a recordará, los Gobiernos de Chile y Argentina fueron los únicos países en la América Latina que declararon su neutralidad en dicho conflicto, manteniendo dicha política hasta casi finalizar la guerra


Quisiera compartir algunas reflexiones.


Cuando el Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile acredita a Samuel del Campo ante el Gobierno rumano, dirigido en ese entonces por su Líder, Ion Antonescu, aliado de la Alemania Nazi ¿lo hace por alguna razón en particular?


¿Conocía la Cancillería chilena la segregación, expulsión y ejecución que sufrían los judíos y gitanos, entre otras víctimas, bajo la represión del mencionado Líder?


Si la Cancillería desconocía la represión que ejercía el Lider Antonescu, habría pecado, a mi juicio,de ignorancia e ineptitud. Pero si tenía antecedentes de lo que realmente sucedía en Rumania ¿por qué aceptó representar los intereses de Polonia, país que había sido anexado por la Alemania nazi?¿qué ganaba con ello? En este caso, ¿optó por la Escuela del Idealismo o del Realismo en política exterior?


Por otra parte, ¿quién era Samuel del Campo? ¿fue voluntaria u obligada su destinación a Bucarest? ¿Tendría discrepancias o enemistad con alguna alta autoridad ministerial de la época, para ser enviado a Rumania? ¿por qué aceptó ese desafío? o quizás parodiando al Padrino “le hicieron una propuesta que no podía rechazar”.


Estas legítimas interrogantes puede que, en parte, sean dilucidadas una vez que Jorge Schindler concluya su trabajo.


Lo que sí está claro, es que cuando Samuel del Campo optó por proteger solidaria y desinteresadamente a esas familias, lo hizo siguiendo lisa y llanamente su sentido del deber, su conciencia humanitaria.


Quiero transcribir a continuación partes seleccionadas del discurso de Jorge Schindler, con motivo de la distinción “Luz y Memoria” de que fue merecedor, precisamente por esta investigación histórica.


El Encargado de Negocios en Rumania, Samuel Del Campo, elaboró informes políticos dirigidos al Ministerio en Santiago, en los cuales de manera previsora y aguda da cuenta de los arrestos y deportaciones masivas de ciudadanos judíos rumanos y polacos, entre los cuales se encontraba la familia Kiesler-Kotzer.



En conocimiento de que el dictador Antonescu había ordenado la creación en Czernowitz de un ghetto para concentrar a más de 50 mil judíos, informó que dos tercios fueron deportados a Transnistria (Ucrania) en donde murieron.



Sin esperar instrucciones detalladas desde Chile, Samuel del Campo nombra a un abogado rumano de confianza para que se dirija en su nombre a esa ciudad y visite las provincias de Bucovina y Besarabia, a la sazón anexadas por Rumania.


Cito a del Campo.“Para hacer frente, metodizar y canalizar la avalancha de gritos lastimeros pidiendo amparo y justicia, y más que todo Humanidad, hube de nombrar, con residencia en Cernauti, un representante personal mío…este delegado mío tenía por misión la de recibir las quejas de los ciudadanos polacos, sin distinción de religión. Mientras, yo intervenía ante la presidencia del consejo de ministros, repartición que tenía entre sus manos la suerte de tantos desgraciados seres que el delito más grande que han cometido es el delito de haber nacido judío.”


Samuel del Campo confirmó en estas líneas la inminente deportación hacia el Este de los judíos de Czernowitz, por lo que realiza urgentes gestiones para garantizar la protección chilena a todos los refugiados de ciudadanía polaca y sus respectivas familias, ya que según sostiene ante el gobierno local “la ley referente a los judíos rumanos no es aplicable a los judíos extranjeros residentes en el reino.


En base a este argumento, el diplomático creó un documento de identificación, logrando entablar una negociación con el gobernador militar rumano de quien logra la entrega de 250 familias que se encontraban “cargadas” en vagones de tren a la espera de su deportación a Transnistria en Ucrania.


Las familias rescatadas en el último minuto, pudieron regresar a la ciudad y dejar el ghetto gracias a que además, del Campo gestionó la restitución de los domicilios incautados, adoptando la precaución de colocar un letrero que identificaba a sus moradores como “personas bajo protección de la República de Chile.” En esta tarea, del Campo contó, según informa, con la cooperación del alcalde de Czernowitz, Traian Popovici.


Al respecto, destacados miembros de la comunidad judío polaca dirigen a Del Campo un telegrama de agradecimiento fechado el 12 de noviembre de 1941.


Su Excelencia Sr. del Campo.


Antes de poder expresarle personalmente nuestro caluroso agradecimiento, rogamos a Vuestra Excelencia aceptar las seguridades de nuestra devoción y de nuestro vivo reconocimiento por la alta protección y por la eficaz ayuda otorgadas a ciudadanos polacos en los momentos más duros de su vida.


Le rogamos participar al gobierno de Chile que toda nuestra vida estaremos reconocidos y agradecidos por esta gran protección.


El Primer Secretario del Campo permaneció en Bucarest hasta mayo de 1943, cuando, en peligrosas circunstancias, abandona el país vía Turquía para asumir como cónsul en Suiza.


En los archivos no existe mención a su labor humanitaria, ni un reconocimiento a la claridad de sus informes políticos, que desde 1941 anticiparon a nuestras autoridades el Holocausto.


La investigación comprueba, que el Sr. del Campo realizó un esfuerzo notable, incluso a riesgo de su propia seguridad, llegando más allá de las instrucciones generales recibidas, contribuyendo a salvar la vida de muchas personas, tal como lo prueba el caso de Oli Kotzer.


La trayectoria de Samuel del Campo nos demuestra como esta profesión -la diplomacia de carrera- a veces poco comprendida, puede representar (en diferentes circunstancias históricas) la luz y la esperanza para los perseguidos y discriminados.


Nada más que decir, sólo reconocer y recordar a Samuel del Campo y a todos aquellos que como él han arriesgado su vida por otros. Quien salva una vida, ha salvado al mundo.


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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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