Aceptación, un valor para promover el autocuidado y protegido por la ética médica

El confinamiento producto de la pandemia por Covid-19 no solo ha traído consecuencias en materias económicas y sociales. Los chilenos también han visto importantes cambios en su aspecto físico. Sin ir más lejos, un estudio realizado por Ipsos Mori -hecho en 30 países entre 23 de octubre y 6 de noviembre de 2020- arrojó que Chile ocupa el segundo lugar en aumento de peso, con un incremento de 51%, según la opinión de quienes participaron en dicho estudio.

Asimismo, el consumo de alcohol y cigarrillos también anotó importantes alzas en el país durante este periodo.

Esta situación, junto con una mayor exposición a cámaras producto de las videollamadas, el denominado "efecto Zoom", ha provocado que las personas tomen conciencia de aspectos que no les gustaban de su físico y quieran recuperar el tiempo perdido a como dé lugar. Pero hoy, a medida que se ha ido abriendo de a poco el confinamiento, nos miramos al espejo y nos damos cuenta de que no hemos hecho ejercicio, que hemos descuidado la comida y que tenemos varios kilitos de más.

Dentro de las soluciones rápidas que buscan las personas está la cirugía plástica. Sin embargo, esta no es la solución: Sólo en algunos casos, un aporte.

Debemos retomar nuestro centro, comer y ejercitarnos como antes, retomarnos en todos los aspectos, para luego ver si necesitamos un empujón mayor, como una intervención. Estas no son recomendables para cualquier persona, ya que existe un perfil de paciente que sí puede acceder a este tipo de procedimientos y otros a los que tenemos los médicos que orientar.

Para poder operarse uno debe contar con una salud física y mental compatible. No hay que olvidar que todos los pacientes de cirugía plástica son pacientes sanos en su cuerpo, que creen tener una necesidad, la mayoría de las veces psicológica de verse distintos o corregir algo que molesta.

¿Quién es mi paciente ideal? Quien pida algo que sea coherente y objetivo. Debemos tener mucho cuidado y pensar que existe la dismorfia, condición psiquiátrica donde el paciente se ve distinto a lo que el resto ve. Por lo tanto, son pacientes que van a pedir cosas que a uno claramente le van a llamar la atención o no las vamos a ver. Ahí uno tiene que saltar todas las alarmas, porque en esos pacientes su tema no es quirúrgico: su tema es psiquiátrico y necesitan apoyo, terapia y compañía, reforzando en ellos la necesidad de buscar ayuda, sin permitir que caigan en manos inescrupulosa, quienes les vendan procedimientos, muchas veces incensarios, lo que incremente su desorden actual.

Por lo tanto, una persona que va a operarse tiene que ser un paciente que está en su mejor momento, en sus mejores condiciones y poder resolver algo que no se resuelve de otra forma, como decíamos, quien retomó su centro, se preparó, hizo ejercicio, mejoró su dieta y luego nos buscó, para completar este cambio con un procedimiento quirúrgico, un eslabón más de esta cadena, el final, a veces tan necesario, pero que debe contar con todos los pasos previos, para mantener este cambio fuerte en el tiempo.

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