A raíz de los resultados del Simce 2025, conviene recordar que el aprendizaje de las matemáticas también es un proceso emocional. Los propios cuestionarios aplicados a estudiantes muestran que un alto porcentaje declara nerviosismo frente a las pruebas y temor a que estas sean demasiado difíciles, fenómeno llamado "ansiedad matemática".
Las investigaciones han mostrado que durante el estudio de las matemáticas se experimentan emociones tales como el miedo o la ira, las que desencadenan ansiedad y afectan la confianza y la motivación.
Los resultados del Simce debieran también interpretarse como un llamado a fortalecer dimensiones socioafectivas del aprendizaje en el aula: desde interacciones cooperativas entre pares hasta prácticas pedagógicas que regulen las emociones y promuevan el bienestar de los estudiantes.
En otras palabras, mejorar los resultados en matemáticas no pasa solo por enseñar más contenidos o aumentar las horas, sino por construir aulas donde el error no genere miedo y donde el desafío despierte el juego y la curiosidad.
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