Elon Musk, en su última entrevista al medio The Economist, afirmó que en cinco años más la IA y la robótica superarán la suma de la inteligencia y capacidad humana, lo que llevará a que en 10 años las personas ya no seguiremos al mando. Y agregó que esto se traducirá en que viviremos en una era de abundancia asombrosa, en la que tendremos todo lo que podamos imaginar y en la que, incluso, trabajar será optativo.
Musk señala también que no hay nada que podamos hacer para frenar este avance -recordando que él mismo lo intentó en algún minuto-, por lo que solo queda "disfrutar del viaje". Plantea, además, que la humanidad debe enfocarse solo en dos cosas: reducir el riesgo de que la inteligencia artificial nos destruya -probabilidad que estima entre 10% y 20%-; y en cómo hacer que el camino sea lo menos accidentado posible cuando, en el corto plazo, se eliminarán millones de empleos, motivo por el cual sería necesaria una renta básica universal que aún no existe. De todas formas, aun cuando conviene tomar con reserva los plazos de Elon Musk, esto no elimina el riesgo: solo da un rango mayor de tiempo.
El empresario plantea que la única forma de reducir la amenaza es que las grandes compañías de IA se den acceso anticipado a sus modelos previo al lanzamiento, además de reunirse para detectarlas, y en caso de existir, notificar al Estado. El punto es que el problema no es futuro, sino que ya existe, y lo peor es que son estas quienes monopolizan la capacidad de detectar peligros y quienes deberían tener la obligación de informarlos.
Esto ya ocurrió con OpenAI y Anthropic, quienes enfrentaron situaciones graves que no fueron descubiertas por ningún Estado, sino por las propias empresas y por otras externas, como Amazon. Sabemos solo lo que ellas quisieron contar: no conocemos cuántas brechas hubo antes ni cuántos otros riesgos existen y, lo que es peor, no hay ninguna instancia ni potestad para preguntarlo.
Sin embargo, la propuesta parece insólita, no solo por el hecho de que competidores de un mismo mercado deban compartir sus innovaciones y nuevos productos, sino especialmente por la animosidad existente entre sus fundadores, y porque, como señala el propio Musk, quien domine este mercado controlará el futuro de la humanidad.
Musk tiene razón en que los Estados muchas veces son lentos y torpes, y en que suelen llegar tarde con la legislación, pero son la única solución real de contrapeso y control frente a las nuevas tecnologías, y los que responden a quienes no somos accionistas de esas empresas, entre ellos, los millones de personas que Elon dice que perderán su trabajo en los próximos años y todos aquellos cuyos datos e información quedarán a merced de la IA.
Hoy más que nunca es necesario reducir la brecha técnica del Estado, algo que ya se ha logrado varias veces en la historia. Pero, debemos acelerar el paso, ya que esa brecha, en vez de reducirse, está creciendo a pasos agigantados.