Automedicación y estrés, una peligrosa combinación

Estamos viviendo tiempos complejos. La crisis social que hemos enfrentado, la incertidumbre económica y los bajos niveles de confianza,  sumado a las presiones laborales y familiares de fin de año y los excesos que pueden darse en esta época, han generado que hoy muchas personas sientan que su vida les está “pasando por encima”.

Ya en 2016, un estudio realizado por Fundación Chile y Gfk Adimark, señalaba que el 42% de la población se declaraba “altamente estresada”, dando un paso fácil al llamado “asesino silencioso”, debido a sus nefastos efectos en el organismo. 

Bajo este escenario, no es extraño escuchar que alguien consume algún medicamento para “estar más relajado”, porque a un amigo de la oficina le funcionó o porque, simplemente, lo buscaron en Google. Pero ¡cuidado! La automedicación, sobre todo en esta época del año, puede ser aún más peligrosa que estas recetas esporádicas. 

Este comportamiento genera graves riesgos para la salud, ya que las intoxicaciones por medicamentos, efectos adversos o interacciones de éstos, pueden llevar a una persona a sufrir mareos, disminución de la presión arterial, inestabilidad, problemas de visión y concentración, llevando a fallas renales, hepáticas o cardiacas que pueden ser fatales. Las composiciones químicas de los psicotrópicos, ansiolíticos, antiinflamatorios, analgésicos e – inclusive - algunas “hierbas medicinales”, generan efectos importantes en nuestros organismos. 

Estadísticas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) muestran que a nivel mundial, más del 50% de los medicamentos se recetan, dispensan o se venden de forma inadecuada. Asimismo, un tercio de la población carece de acceso a medicamentos esenciales y un 50% de los pacientes los toman de forma incorrecta. 

Durante el año pasado, el Instituto de Salud Pública (ISP) alertó sobre el aumento en la venta de medicamentos utilizados para manejar síntomas del estrés como contracturas musculares o ansiolíticos. En ese momento, las estimaciones hablaban de la venta de cuatro millones de cajas, siendo el alplazolam, clonazepam y diazepán los más solicitados, siendo el cuarto país latinoamericano con mayor consumo de estos fármacos, luego de Venezuela, Uruguay y Argentina. 

Por lo anterior, es que el uso de cualquier tipo de fármaco debe ser supervisado por un médico.

Aún más, en cada farmacia existe un químico farmacéutico, el primer y más cercano asesor de salud, que podrá orientar a cualquier paciente respecto a los beneficios, perjuicios e interacciones que un medicamento puede producir. 

No queremos escuchar un “lo necesito para el botiquín”, “por si acaso”, “a un amigo le hizo súper bien” o “lo uso de vez en cuando”.

Simplemente, queremos una población que no esté expuesta a estos riesgos. 

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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