"Innovar hoy para nutrir mañana", el lema de este año del Día Mundial de la Alimentación, me llamó la atención. El 16 de octubre se conmemora la fundación de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en el año 1945 y tiene como objetivos concientizar sobre el problema del hambre, la desnutrición y la pobreza en el mundo; promover la seguridad alimentaria para garantizar que todas las personas tengan acceso a una dieta suficiente, segura y nutritiva; y fomentar la acción global y la solidaridad entre países para alcanzar metas como el "Hambre Cero".
¿Pero a qué apunta el lema de este año? FAO dice: "Las soluciones con visión de futuro, combinadas con conocimientos tradicionales y enfoques inclusivos, pueden ayudar a garantizar que todas las personas tengan acceso a alimentos suficientes, diversos, seguros y nutritivos, al mismo tiempo que se proteja el planeta para las generaciones futuras". Acabar con el hambre está a nuestro alcance porque el mundo produce alimentos suficientes para alimentar a toda la población, sin embargo más de 600 millones de personas siguen padeciendo hambre y casi 3.000 millones no pueden permitirse una dieta saludable, lo que implica no sólo desnutrición sino también obesidad.
Lo que ya sabemos es que los sistemas alimentarios requieren cambios para transformarlos en saludables y sostenibles. La pregunta con respuesta -existe numerosa evidencia del cómo hacerlo- pero sin implementación, es cómo asegurar la disponibilidad y el acceso físico y económico a alimentos nutritivos, inocuos y pertinentes (a la cultura, a la etapa del ciclo vital, a la salud) para la población en todo momento y en todo lugar, garantizando el derecho a alimentación.
En estos días próximos justamente se realizará en Chile el XXI Congreso Latinoamericano de Nutrición, cuyo lema es "Transformando los Sistemas Alimentarios en América Latina. De la Evidencia a la Acción". La presidenta del congreso y de la sociedad que lo organiza indica en la presentación del Congreso, que los sistemas alimentarios explican más del 25% de la carga de enfermedad y generan importantes impactos ambientales, lo que conlleva un costo social y económico que se concentran en mujeres, pueblos indígenas y poblaciones de menor nivel socioeconómico, profundizando otras inequidades ya existentes. Sin duda urge actuar. Es esperable que durante este Congreso se discutan propuestas y emanen recomendaciones para distintos sectores y gestores de políticas públicas, porque sin duda este problema llama a la intersectorialidad de alta intensidad, más allá del mero intercambio de información y la coordinación, se requieren objetivos comunes y una verdadera integración entre sectores.
En 2024 se publicó en una prestigiosa revista un conjunto de 44 políticas públicas prioritarias para transformar los sistemas alimentarios y abordar la denominada Sindemia Global (desnutrición, obesidad y cambio climático), en dos grandes áreas: las cadenas de suministro y los entornos alimentarios. Entre las acciones propuestas están los subsidios a la producción agrícola sostenible y diversificada, la creación de programas de alimentación escolar y compras públicas saludables, y la inversión en infraestructura para reducir pérdidas y desperdicios de alimentos priorizando el consumo humano. Asimismo, las propuestas abarcan reformas estructurales en el comercio, la venta y el consumo para hacer los alimentos nutritivos más asequibles y accesibles.
Para ello, plantean medidas fiscales como subsidios a alimentos saludables e impuestos a productos ultraprocesados o con alto impacto ambiental, etiquetados frontales claros tanto nutricionales como ecológicos, y restricciones estrictas a la publicidad de comida chatarra dirigida a menores. El artículo subraya la importancia de diseñar e implementar estas medidas de forma integral y requiere la concurrencia de diversos actores, disciplinas y ámbitos de acción.
Vale la pena preguntarse qué clase de innovación necesitamos para disminuir las desigualdades injustas y evitables que se generan a propósito de los determinantes sociales y comerciales de la salud y la malnutrición, como decíamos antes hay alimentos suficientes en el mundo, pero probablemente el problema de fondo es el acceso. La innovación sin duda puede significar enfoques preventivos, transdisciplinarios e intersectoriales para eliminar estas inequidades. Pero se requieren voluntades y la necesidad es hoy.