Sin cirugía no hay paraíso

“Sin tetas no hay paraíso” es un libro de un autor colombiano que retrata el drama que se vive en dicho país, en relación a las cirugías plásticas ilegales. Cuenta la historia de un grupo de mujeres, algunas menores de edad, que hacen prácticamente de todo para conseguir implantes de senos y glúteos, con el fin de obtener ese cuerpo escultural y de modelo de revista. Ficción que causó revuelo mundial por su crudeza, pero que no dista de la realidad, ya que cada vez más mujeres deciden someterse a un procedimiento quirúrgico, sin tomar las precauciones necesarias.

Recientemente conocimos a tres mujeres que se inyectaron silicona líquida y metacrilato en su cuerpo hace algunos años, decisión que cambió para siempre sus vidas. Hoy una de ellas no puede caminar, debido a que el producto obligó a los cirujanos plásticos a retirar toda la piel de sus piernas para reconstruirlas. Otra espera por un procedimiento que mejore su rostro, donde el metacril  formó nódulos y granulomas, desfigurando parte de su mejilla. Mientras, la tercera busca que alguna solución a las secuelas de la inyección de silicona en sus caderas y muslos . Casos que impactan por su cruda realidad y los efectos colaterales que traen consigo estos productos.

Una escena similar es la que relata el escritor Gustavo Bolívar, donde Catalina, la joven protagonista, comienza a sufrir dolores intensos, luego que su fijación por tener senos grandes y llamativos la llevara a que un “médico” inescrupuloso le inyectara silicona líquida.

Precisamente esta obsesión es la misma que lleva a decenas de chilenas a operarse en el extranjero, tentadas por ofertas de páginas en línea que les prometen varias cirugías y paquetes especiales para obtener ese cuerpo perfecto que las lleve a ese paraíso deseado. Paraíso que luego se convierte en pesadilla.

Un tema que parece pasar desapercibido en la sociedad y nuestro país, debido a que no existe una ley que regule este tipo de ofrecimientos y que exija que quienes realicen estos procedimientos sean cirujanos plásticos, debidamente preparados y acreditados. Es necesario que las autoridades, desde el Gobierno hasta el ministerio de Salud se involucren, para así evitar nuevas víctimas del bisturí, al menos en Chile.

En México, por ejemplo, el Congreso decidió reformar la Ley General de Salud, con el objetivo de asegurar que sean especialistas quienes realicen las cirugías plásticas y no cualquier médico, odontólogo o esteticista.

Entre las características más destacadas se encuentran que cada hospital, clínica o centro de salud exija una cédula al especialista, la cual esté previamente emitida por una institución oficial; certificado que acredite su experiencia a una alta institución; que los colegios, asociaciones o federaciones de profesionales informen al ministerio de Salud de todos los datos referentes a su colegiatura, con el fin de conocer el número exacto de profesionales autorizados que operan en el país, entre otros documentos.

Medidas que necesita urgente nuestro país, donde cada día aparecen más casos de mala praxis, algunos derivados de cirugías fallidas en el extranjero. Por supuesto, los más comunes, relacionados a productos ilegales o de bajo costo y calidad. Es que los pacientes desconocen sus derechos y las medidas de precaución que deben tener, para no caer en manos negras que sólo buscan lucrar a costa de su salud.

Estas tres mujeres son el caso vivo de lo que ocurre en nuestra región. La silicona líquida y el metacrilato son productos prohibidos y nocivos para el cuerpo humano. El primero es un material natural que se utiliza generalmente como pegamento industrial, cuando no está sintetizado. Difiere por supuesto de la silicona que se utiliza en las prótesis mamarias, que son de uso médico y poseen un recubrimiento de poliuretano que no genera rechazo por parte del cuerpo. El segundo es un polímero que se ubica dentro de los plásticos de ingeniería, similar al acrílico.

Sin embargo, ambos ocasionan los mismos daños a la salud. Cuando se inyectan en el cuerpo, éstos penetran los músculos, entregando -por supuesto- la forma deseada que busca el paciente. Apariencia que cambia drásticamente a los cinco o incluso treinta años, cuando empiezan los dolores, debido a la cristalización del líquido, la cual forma una fibrosis en la zona intervenida y otras partes del organismo, como reacción a esta sustancia extraña. Incluyendo inflamación, deformación y decoloración del tejido. Enemigos silenciosos que matan al paciente poco a poco, tanto física como psicológicamente.

Una realidad que seguirá en aumento si no se le pone un alto definitivo. Es imprescindible que el Gobierno se sume a este llamado que hacemos los profesionales de la salud y las propias víctimas de cirugías plásticas mal hechas. Es necesario un cambio ahora. De lo contrario, libros como “Sin tetas no hay paraíso” seguirán existiendo y recaudando millones, al igual que como lo hacen quienes están detrás de estas prácticas que acaban con el bienestar de quién sabe cuántos chilenos.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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