Un honor que alegra el alma

Formo parte de una generación que ha tenido múltiples vivencias. Nos iniciamos en la década del setenta, cuando el motor de nuestras vidas era cambiar el mundo para lograr vivir en ´plenitud la civilización del amor`, de la que nos hablaba Maritain ; enfrentamos a una dictadura feroz que nos quitó diecisiete años de nuestras vidas ; logramos la mayor de las felicidades humanas al recuperar en forma épica la libertad para desarrollarnos como personas al lograr terminar con ese periodo de oscurantismo y mediocridad; iniciamos un proceso para lograr instaurar un nuevo sistema político que nos permitiera vivir en democracia y buscar mayores niveles de justicia entre los chilenos.

Soy parte de una generación que ha vivido la historia de Chile, con pasión, alegrías, fracasos, frustraciones y victorias que han alegrado el alma.Pocas generaciones de chilenos han tenido la oportunidad de vivir en forma presencial procesos históricos tan determinantes en la construcción de la patria.

Esas vivencias son una de las grandes riquezas que en lo personal quienes somos de esa generación llevamos en nuestras mentes. Esas mismas vivencias nos permitieron poder conocer a gente excepcional, hombres dedicados a pensar en Chile y su gente, con real interés de servicio y con una inteligencia y capacidad no vista nuevamente.

Baldo Santi Lucherini fue uno de esos hombres. Lo conocí, recibí su apoyo, colabore con él, en más de una oportunidad trabajamos juntos por lograr avanzar en ayudar a las personas a vivir en libertad.

Del Padre Baldo se han destacados varios aspectos respecto a su rol en el plano de la ayuda, de la caridad y de la preocupación por todos los que necesitan un apoyo sin ningún tipo de temores o discriminación.

El Padre Santi también fue un sacerdote que vivía con la misma pasión de la ayuda solidaria su preocupación por la libertad de las personas y por la permanente necesidad de provocar los diálogos para facilitar el encuentro entre el mundo de la política y su cercanía con el pensamiento de los valores del social cristianismo.

Efectivamente cumplió en esos dos planos roles muy importantes. En los inicios de la dictadura permitió que bajo el alero de Caritas se desarrollara un movimiento llamado JOCEUC que realizaba múltiples acciones de carácter social y en el cual participaban jóvenes provenientes de las filas de la Democracia Cristiana. Eso permitió mantener viva una estructura juvenil a lo largo de Chile por muchos años.

Por otro lado siempre fue un hombre preocupado de provocar los diálogos y encuentros entre el mundo de la fe y el de la política.

Es así como a través de Corporaciones como Civitas o Istra organizó encuentros o seminarios de diálogo en que buscó que ambas vertientes se encontraran en su labor de ayudar al progreso de Chile.

Nunca descansaba , siempre estaba pendiente de hacer algo : seminarios, facilitador de encuentros y diálogos públicos y privados , creador de movimientos de pensamiento para colaborar en el plano de las ideas a un mayor y creciente compromiso del mundo de la política con los valores permanentes del humanismo cristiano, entusiasta impulsor de actividades de difusión y proselitismo respecto a los derechos de las personas y su oportunidad de participar en los procesos de decisión de las grandes orientaciones del país.

Debo mencionar, sin ser infidente, que gracias al Padre Santi, miles y miles de chilenos pudieron participar en el plebiscito de 1988. Me tocó implementar en términos prácticos junto a cientos de jóvenes un programa de la Fundación Istra que en forma itinerante recorría las poblaciones de Santiago sacando y entregando gratuitamente la fotografía que se requería para obtener la cedula de identidad y poder votar.

Sin esa valiosa ayuda miles de hogares no habrían podido participar de un proceso libertario como el plebiscito del año 1988. Algo, tal vez, simple para muchos pero de una realidad concreta para los pobres.

Esta es otra de las facetas de un hombre excepcional que tuvo el coraje de ser valiente en defender sus ideas y en buscar en forma incansable la concreción de los proyectos en los cuales él creía. Aunque eso le significara la incomprensión y el ataque amenazante como sucedió cuando se propuso crear una clínica para los enfermos de SIDA.

Un sacerdote que supo vivir con pasión su amor a Dios, que buscó en forma incansable crear proyectos humanos que demostraran que era posible vivir en plenitud los valores del cristianismo.

Un sacerdote comprometido en lo político. Baldo Santi tenía un claro compromiso con la justicia, con la libertad, con el amor, con la solidaridad, y su fuerza para buscar esos ideales estaban apoyados en un amor infinito a Dios, que solo era comparable con el amor que sentía por su prójimo.

Soy parte de una generación que ha tenido el honor de conocer y aprehender de un hombre bueno como BALDO SANTI y eso alegra el alma.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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