La reciente intervención de la senadora Vanessa Kaiser en la Comisión de la Mujer y Equidad de Género de la Cámara Alta ha generado una fuerte polémica(1), como si no bastaran las declaraciones de sus dos hermanos (Axel y Johannes). Todo esto ocurre en un contexto donde la llamada "batalla cultural" de la ultraderecha sigue ganando terreno.
En esa intervención, Vanessa Kaiser propuso eliminar el Ministerio de la Mujer y Equidad de Género para crear, en su lugar, un Ministerio del Hombre en Chile. Argumentó que los varones estamos en mayor desventaja que las mujeres, ya que, a diferencia de ellas, nosotros vamos a la guerra, realizamos los trabajos más duros y nos suicidamos cuatro veces más.
Es cierto que los hombres vivimos menos años que las mujeres, nos suicidamos con mucha mayor frecuencia y exponemos con frecuencia nuestra vida a riesgos extremos. Sin embargo, eso es precisamente el resultado de mandatos patriarcales y de una masculinidad de la muerte que Vanessa Kaiser termina naturalizando con su prédica fanática.
No se necesita ser un gran sabio para percatarse de que el problema de fondo es que históricamente se nos ha enseñado a los hombres a reprimir nuestras emociones, a no pedir ayuda, a mostrarnos siempre fuertes y a ocultar nuestra vulnerabilidad, como si eso nos hiciera "más machos".
No obstante, la senadora Kaiser no problematiza estos mandatos y, en cambio, se dedica torpemente a atacar el feminismo y el enfoque de género, cuando es precisamente gracias a ellos que los hombres hemos comenzado -aunque de forma muy tardía- a reflexionar sobre nuestras propias experiencias, las cuales están llenas de violencias y de mandatos insostenibles para nosotros mismos.
Además, a pesar de que la senadora se declara una seguidora de Cristo(2), tampoco parece capaz de ver que Jesús mismo se alejó radicalmente de esa masculinidad guerrera, dura e invulnerable que ella naturaliza en los hombres. Por el contrario, Jesús lloró, mostró compasión y ternura, lavó los pies de sus discípulos, confrontó el poder sin violencia y entregó su vida por amor a los demás.
La masculinidad de Cristo fue radicalmente distinta a la del guerrero romano o al patriarca judío de su época: fue servicio, humildad, sensibilidad emocional y rechazo al dominio opresor. Pero parece que Vanessa Kaiser nunca se enteró de ello y prefiere pasarlo por alto en nombre de su cruzada antifeminista.
Dicho lo anterior, reconocer los graves problemas que enfrentamos los hombres no requiere negar las desigualdades estructurales que aún afectan desproporcionadamente a las mujeres en materia de violencias, cuidados y brechas laborales. Ambas realidades pueden -y deben- abordarse, pues están profundamente relacionadas en un sistema patriarcal insostenible.
No necesitamos crear un Ministerio del Hombre, como torpemente propone Vanessa Kaiser. Lo que se requiere es generar políticas públicas con enfoque de género que incluyan seriamente a los varones en programas de salud mental masculina, paternidad responsable, prevención del suicidio y deconstrucción de la violencia.
No se trata de restarle al Ministerio de la Mujer, sino de ampliar la mirada para que nadie quede fuera. La "batalla cultural" que promueve Kaiser, al presentar la perspectiva de género como una amenaza, sólo profundiza su fanatismo y aleja a los hombres de una masculinidad más sana y libre.
(1) Una reflexión sobre la pascua de resurrección
(2) Senadora Vanessa Kaiser cuestiona existencia del Ministerio de la Mujer en comisión