Después de Chancay, los corredores bioceánicos

Perú construyó el puerto de Chancay y amplió el de Callao, transformándose en un hub logístico clave para Sudamérica. Chile, mientras tanto, sigue enredado en su propio proyecto de Puerto Exterior de San Antonio, iniciado en la misma fecha. El vecino firmó convenios con China, se integró al Foro APEC y sacó adelante inversiones por más de USD 4.000 millones. ¿Qué nos pasó? Lo de siempre: la incapacidad del Estado chileno para dotarse de una gobernanza competente, integral y que rinda cuentas.

La segunda oportunidad

Sin embargo, la geografía nos sigue regalando una segunda oportunidad. Chile tiene más de 4.000 kilómetros de costa frente al océano que concentra el comercio mundial. Brasil y Argentina producen soja, petróleo, minerales y manufacturas para el mercado chino, inagotable y en crecimiento. Enviarlas por el Pacífico es donde Chile se vuelve indispensable: eso son los corredores bioceánicos, donde Chile no es actor secundario sino destino final.

Entre los corredores binacionales existentes, destacan tres: Capricornio, por el norte; Los Libertadores, que une Buenos Aires, Rosario, Mendoza y Córdoba con Santiago y San Antonio; y el NorPatagónico, que enlaza Bahía Blanca, Río Negro y Neuquén con Concepción y sus puertos.

El que hoy concentra mayor expectativa es Capricornio: 2.400 kilómetros que conectan Santos, en Brasil, con el Norte Grande chileno, atravesando Paraguay y el noroeste argentino, hasta Antofagasta, Iquique y Mejillones. La Cámara Aduanera de Chile estima entre 12 y 15 días menos de navegación hacia Asia frente a las rutas del Atlántico o Panamá.

Pero un corredor no es solo un paso fronterizo. De los cerca de 76 pasos entre Chile y Argentina, apenas 26 cuentan con aduana y migración habilitadas. Un paso es el punto físico de cruce; un corredor es la red logística completa que compite con las rutas marítimas alternativas. Con esto, el desafío deja de ser geográfico y vuelve a ser de gestión: cargas coordinadas, puertos eficientes, vialidad, trenes, pasos operativos todo el año, e institucionalidad capaz de coordinar cuatro países.

Los riesgos

Capricornio no está exento de fragilidades. Excluye a Bolivia, que impulsa un corredor central hacia el Pacífico y podría restarle carga. Los pasos cordilleranos siguen expuestos a cierres invernales que ningún plan maestro elimina por decreto. Y el Ministerio de Economía ya advirtió que se trata de una ruta de demanda inducida: los volúmenes de carga proyectados aún deben validarse, no son un hecho consumado.

Sin datos de demanda reales y sin resolver la habilitación de pasos, Capricornio corre el riesgo de quedar en el mismo lugar que San Antonio: una gran idea sin ejecución.

Gobernanza urgente

Debemos cambiar cómo observamos y como nos hacemos cargo de esta oportunidad: de ser parte de una gran idea, a gestionar y conducir activamente el proyecto Capricornio. El potencial rara vez es el problema; el problema, presente también en San Antonio, es siempre el mismo: la gobernanza.

Chile enfrenta esta complejidad con una "comisión de alto nivel" de seis ministerios, conducida por el Ministerio de Economía. Y ya sabemos cómo terminan las comisiones: sin responsable, sin presupuesto, sin nadie que rinda cuentas. Chancay ya nos dio una lección. La pregunta es si Capricornio será la prueba de que aprendimos algo, o solo será el segundo capítulo de la misma historia: un país con la geografía a favor y gobiernos en contra. O simplemente incompetentes para ejecutarla.

Para gestionar Capricornio, utilizando como referencia el formato institucional del exitoso proyecto Biovias (Concepción, 2005), se sugiere crear una institucionalidad autónoma, por decreto presidencial, supra ministerial y con asiento en la región, que aborde el levantamiento de datos, la prefactibilidad de cada proyecto, su evaluación social y financiera, los modelos de financiación, un programa de ejecución y las relaciones con los países involucrados.