En el marco de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, no sólo celebramos avances, sino que enfrentamos una urgencia estructural. Según la Unesco, las mujeres representan menos de un tercio de la comunidad investigadora a nivel global. Cerrar esta brecha no es un acto de justicia, sino un imperativo estratégico; es una condición sine qua non para garantizar la calidad, relevancia e impacto de la ciencia y la tecnología. Después de todo, un mundo diseñado sólo por la mitad de la población será siempre un mundo incompleto.
La evidencia científica nos alerta que el desafío comienza mucho antes de la educación superior. A los 5 o 6 años, las niñas ya tienden a considerar que las ciencias son más difíciles y que las matemáticas son un área "masculina". Este es un punto de quiebre fundamental que marca el desarrollo y futuro de esa niña. Como sociedad no podemos darnos el lujo de seguir coartando oportunidades por prejuicios heredados que se instalan tempranamente en la infancia.
Es crucial entender que el entorno es determinante. Investigaciones en Chile, como las de Alejandra Mizala (2015), revelan que incluso los profesores en formación suelen tener expectativas más bajas para las alumnas en matemáticas, pese a que su rendimiento sea equiparable al de sus compañeros. Debemos actuar sobre la base de la plasticidad cerebral, y entender que tanto el refuerzo positivo como los mensajes implícitos de "no ser suficientemente capaz" impactan directamente el rendimiento futuro.
Un escenario con una subrepresentación de las mujeres en la ciencia es uno en el que se vislumbran consecuencias tangibles y críticas, como por ejemplo la persistencia de sesgos de género en los diagnósticos médicos. Pese a ser la mitad de la población, la ciencia aún mantiene vacíos inexplicables en salud femenina. En el reciente Congreso Futuro 2026, la experta Pilar Valenzuela advirtió que la menopausia -un proceso biológico natural y no una enfermedad- apenas figura en la formación ginecológica actual. Este es el costo de excluir a las mujeres del liderazgo en la investigación: se omiten preguntas vitales para una etapa que el 100% de nosotras vivirá.
El futuro no existe si no estamos todos y todas involucrados. Necesitamos diseñar soluciones con perspectiva de usuario, donde la tecnología y la innovación respondan a las necesidades reales de toda la humanidad. Nuestro compromiso debe ser asegurar que las niñas, adolescentes y jóvenes puedan verse a sí mismas como las próximas descubridoras, ingenieras y líderes. Recordemos que el conocimiento es el único recurso que crece cuando se comparte sin exclusiones.
Desde Facebook:
Guía de uso: Este es un espacio de libertad y por ello te pedimos aprovecharlo, para que tu opinión forme parte del debate público que día a día se da en la red. Esperamos que tus comentarios se den en un ánimo de sana convivencia y respeto, y nos reservamos el derecho de eliminar el contenido que consideremos no apropiado