Chile ha sido elegido como el nuevo presidente del Comité Intergubernamental de Negociación (INC) de la ONU para un Tratado Global sobre Plásticos. El embajador Julio Cordano, del Ministerio de Relaciones Exteriores, será el encargado de liderar esta importante y extremadamente compleja instancia internacional que busca regular la contaminación por plásticos.
Por su parte, a nivel local, vemos cómo los plásticos de un solo uso comienzan a desaparecer de restaurantes y patios de comida, ya que esta semana entra en vigencia la última etapa de implementación de la Ley de Plásticos de Un Solo Uso (N° 21.368). Ante eso, se plantea la pregunta: ¿estaremos realmente a la altura del compromiso internacional que hemos asumido o todavía tenemos tareas pendientes para sacar el plástico de nuestra mesa?
Desde 2022, Chile ha tenido un rol activo en la negociación del Tratado Global sobre Plásticos, liderando a los países que buscan reducir su producción. Y el desafío no es menor: según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, la producción mundial de plástico se ha más que duplicado en los últimos 20 años, superando los 430 millones de toneladas anuales. Sin embargo, un grupo de países productores de petróleo, como Rusia y Estados Unidos, insiste en limitar el acuerdo a la gestión de residuos y al reciclaje, evitando abordar el origen del problema: la producción creciente de plásticos. Como las decisiones deben adoptarse por consenso, estas diferencias han impedido avances sustantivos en las últimas rondas. Así, las altas expectativas ciudadanas se han ido apagando bajo la presión de las compañías petroleras, que buscan frenar regulaciones más ambiciosas.
De manera similar, en nuestro país, también existieron presiones de la industria gastronómica para modificar la Ley de Plásticos, hacerla más laxa y aplazar su entrada en vigor. Así, esta norma, que comienza su fase de implementación final este 13 de febrero, habilitó que productos compuestos de madera, papel o cartón se puedan entregar para consumo dentro del local, como lo hacen, por ejemplo, los patios de comida de los centros comerciales y la comida rápida de grandes cadenas.
Aun así, el espíritu de la ley se mantiene: las bombillas, los revolvedores, los palillos y los cubiertos de plástico están prohibidos para su consumo dentro y fuera de los locales. En consecuencia, los productos de un solo uso deberán ser reutilizables, de materiales distintos del plástico o, en el caso de plásticos, cumplir con los estándares de compostabilidad certificados conforme a la normativa vigente.
A nivel local, tenemos en nuestras manos el ejemplo que deberíamos ser para liderar la lucha internacional contra los plásticos. Socialmente, hemos adaptado nuestro consumo para depender de ellos, pero sus problemas son ampliamente conocidos: afectan a la salud de las personas de maneras que recién están siendo estudiadas, al clima y a los animales, y además implican uno de los principales gastos a nivel municipal.
De hecho, el 80% de los residuos encontrados en playas chilenas corresponde a plásticos y apenas entre 8% y 9% de este material se logra reciclar. El plástico no conoce fronteras; por ello, leyes de vanguardia como la Ley de Plásticos de Un Solo Uso deben implementarse, pero para que eso suceda, deben ser conocidas y apoyadas por la ciudadanía. La entrada en vigencia de esta última etapa no es solo un hito normativo: es una prueba concreta de si estamos dispuestos a liderar con coherencia y dar el ejemplo desde casa.
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