Ocho millones de oportunidades

La proyección poblacional de Chile realizada por el INE viene a poner en cifras lo que llevamos hace un tiempo anunciando: es necesario acelerar el cambio de mirada respecto del envejecimiento y la vejez, como una etapa más de la vida en la que se deben asegurar todos los derechos y la participación plena en la sociedad.

El país envejece aceleradamente, y en solo 44 años más las personas mayores de 60 serán la mitad de la población. Para estos cambios tan relevantes debemos estar preparados en todos los ámbitos: laboral, de salud, de educación y también de tiempo libre, deportivo y de convivencia social. Solo así podremos construir una sociedad de bienestar para las personas de todas las edades.

Este es, sin duda, un escenario desafiante, pero que presenta grandes oportunidades de inclusión para las personas mayores. Debemos hacernos cargo de esta nueva realidad, partiendo por el diseño e implementación de políticas públicas que respondan a las necesidades de las personas a partir de los 60 años, considerando también la inclusión laboral de este grupo etario. De ahí la importancia, por ejemplo, de que el Gobierno promulgue la Ley Integral de Personas Mayores, como también la urgencia de que se cree su reglamento y entre pronto en vigencia.

Las empresas, por su parte, deben mirar a los seniors no solo como consumidores, sino también como trabajadores calificados, que con entusiasmo están dispuestos a aportar con su experiencia al crecimiento económico del país. La pérdida de la fuerza laboral es un lujo que no nos podremos dar en el nuevo escenario demográfico.

Algunos dirán que, bajo este prisma, será el propio mercado el que lleve a las personas mayores al lugar que se merecen en la sociedad, que este cambio se producirá de todas maneras por las dinámicas propias de la economía. Y es probable que así sea, pero cuanto antes nos despojemos de los estereotipos edadistas, más pronto podremos enfrentar los retos que ahora se nos presentan, sumando la experiencia laboral intergeneracional como una oportunidad de potenciar a los equipos, con todos los beneficios que conlleva.

Incluso más, si seguimos desglosando los datos del INE, en 2070, con 50% de personas mayores, la población se habrá reducido a poco menos de 17 millones. Estaremos disminuyendo y envejeciendo, por lo que esos 8 millones de seniors serán o podrán ser parte, si así lo desean, del motor para impulsar el desarrollo del país. Ocho millones de oportunidades.

Es imprescindible, entonces, el cambio de mirada respecto a la edad de jubilación, que no sea un techo, sino un piso, y que sean las propias personas mayores las que puedan optar por seguir aportando al desarrollo. La vejez es heterogénea (por eso se habla de las vejeces) y las condiciones (salud, económicas, aislamiento social, etc.), son distintas.

Esperamos que estos datos, y varios más que ha entregado el INE, sobrepasen las notas de prensa y los análisis académicos, para transformarse en políticas públicas que recojan esta realidad, porque ya no queda espacio ni tiempo para vacilaciones, sólo para la acción.

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