Diversos medios de comunicación titularon alarmados en octubre pasado sobre la deserción de las y los profesores menores de 40 años. Fueron casi 23.000, lo que representa el 14% de la dotación total en enseñanza básica y media de Chile, de los cuales 36% hacía clases en el sector público (municipal o SLEP), 54% en el particular subvencionado y 10% en el particular pagado. Un 76% lo hizo sin superar los 5 años de experiencia.
¿Qué pasó? Diversos expertos apuntan a las malas condiciones laborales, sueldos bajos, alta carga de trabajo, crisis de autoridad y baja valoración social.
Entonces ¿La vocación no alcanza... se perdió? Sí y no.
Realizamos una investigación en donde entrevistamos y encuestamos a profesores de diversas comunas y colegios de Chile con el objetivo de estudiar sus niveles de satisfacción y bienestar, así como de estrés y malestar, para explorar si ellos se relacionaban con las condiciones laborales y sus niveles de vocación.
¿Qué encontramos? Lo esperable. Profesores más que estresado, al borde del colapso, agotados emocionalmente, lo que los ha llevado a sentirse ineficaces, cuestionándose todas las mañanas si serán capaces de terminar el día, sintiéndose irresponsables de ejercer en esas condiciones personales.
Pero a pesar de lo anterior, encontramos profesores comprometidos, doblegando sus fuerzas para entregar educación con vigor y dedicación, con alta vocación docente:
"Cuando estamos en el aula, el cansancio desaparece"; "es raro, es como una fuerza interna que me aparta de la realidad para conectar con los estudiantes"; "nosotros estamos entregando mucho más que conocimiento... no es llegar y tirar una licencia, son niños los que dependen de nosotros... la escuela es su refugio de tantas atrocidades que viven en sus hogares"; son algunos de los comentarios que más se repiten al entrevistarlos.
Mediante un modelo de ecuaciones estructurales podemos afirmar que es la vocación docente la que explica el vigor y la dedicación del profesor en el aula y al mismo tiempo disminuye sus niveles de cansancio, estrés y agotamiento.
Entonces ¿Por qué desertan? Porque la vocación no alcanza, son muchas las exigencias y muy malas las condiciones laborales, además de ello, no es justo sostener nuestro sistema educativo en los profesores y profesoras, para eso existen las instituciones, para generar las condiciones humanas y técnicas que les permitan a las personas desempeñar su labor, en ninguna parte del mundo funciona al revés.
Nuestros profesores han sostenido nuestro sistema educativo por mucho tiempo, urge que el Estado y los sostenedores lideren una revolución al sistema que le dé valor a quienes han sido la piedra angular del desarrollo y progreso de nuestra nación. Un sistema que sobrevive gracias al sacrificio de sus profesores no es un sistema vocacional: es un sistema irresponsable.
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