El desafío de la divulgación científica y su medición

Hace no mucho tiempo, la difusión de la ciencia era una actividad que se realizaba principalmente por vocación. De hecho, muchos de nosotros que amamos la enseñanza lo hemos hecho desde las aulas universitarias y escolares, como ocurre en este último caso gracias al programa Explora de Conicyt, que busca fomentar la investigación científica en los colegios.

No obstante, y muy sutilmente, esto que antes era una vocación se ha convertido en una obligación para el científico a tal punto que ha llegado a incidir en su desempeño laboral.

De hecho, hasta las nuevas becas pos doctorales ofrecidas por Conicyt, cambiaron en sus bases la manera de evaluar la producción del investigador. Desde ahora, uno de los nuevos factores a evaluar será la difusión del conocimiento que cada investigador ha encontrado.

Si bien, estamos de acuerdo con que la difusión de la ciencia es una obligación social que impacta en el avance y desarrollo de las sociedades y cultura, no es menos cierto que esta labor también requiere de apoyos para que se lleve a cabo de forma exitosa.

Lamentablemente, varias actividades de difusión requieren recursos, contactos y habilidades comunicativas que muchas veces no son el fuerte de los investigadores, cuya expertise está en otras áreas, rara vez vinculadas con los medios de comunicación. 

A este panorama, se suman los recortes que ha sufrido la ciencia desde el organismo estatal que administra estos recursos, que hoy no tenemos claridad si seguirá siendo una Comisión o si, finalmente, se impondrá la ley y se convierta en un Ministerio, aunque al parecer no cuente con los recursos suficientes para su funcionamiento.

Ante este escenario, surge una preocupación nueva, respecto a cómo se evaluará la calidad y relevancia de una actividad de divulgación científica, entendiendo que muchas veces esta labor depende de habilidades que no son propias de la ciencia y de recursos que normalmente no están disponibles, por lo tanto, se vincula con factores ajenos a la esencia investigativa, que necesariamente requieren de una estructura interna y externa que apoye y asesore la divulgación científica.

Sin duda, desde esta mirada, es necesario conocer cuáles serán los indicadores de calidad de una difusión y cuál será la nueva orientación que deberemos dar a la difusión de nuestros descubrimientos.  

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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