Ética y futuro de la humanidad

El Congreso del Futuro congregado en Chile seguirá tratando como la ciencia puede influir el futuro de la humanidad. Loable encuentro de connotados científicos y pensadores.

Tanto en este Congreso como a nivel mundial, especialmente en la dimensión ética denominada trans-humanismo, que pretende la modificación genética de la especie humana para producir mejores individuos, llama la atención la poca referencia a la ética universal. Por ética entendemos aquí sentido o significado motor: estoy en el punto A y me muevo hacia el punto B1, siendo que podía quedarme en A o moverme al punto B2 o B3.

La acción fundamental de la ética es la decisión que termina en un movimiento externo o bien en una acción interna.

Por ejemplo, soy comunista en A y me convierto al Islam o B1, y no al Cristianismo o B2 o al hinduismo o B3. Es un movimiento intra-psíquico, posteriormente iré a la mezquita a formalizar mi adhesión y a orar vuelto hacia La Meca.

Una esperanza es la corrección de la patología genética mendeliana. Hay métodos actuales que pueden corregir el nucleótido dañado y por ejemplo volver a una persona que sufre de fibrosis quística en una completamente sana.

Los experimentos están en curso y falta tener un método seguro que garantice sólo el cambio del nucleótido anómalo sin alterar ningún otro.

Si hay una técnica con esa seguridad, permitirá tratar también a los gametos y tratar a los padres y así erradicar la fibrosis quística del planeta, quedando solo aquella producida por las nuevas mutaciones que a su vez serán tratadas.

Otras enfermedades similares son la idiocia fenilpirúvica, la hemofilia, el albinismo, y unas 5.000 o más enfermedades más raras.

También se podrán tratar patologías infecciosas dependientes de genes de susceptibilidad, por ejemplo, crear cepas humanas resistentes al VIH, al sarampión, numerosas bacterias, hongos y protozoos como es el caso de la malaria; pero en estos casos también se tendrá la posibilidad de matar o volver inocuos a esos organismos.

Podrán tratarse enfermedades que dependen de genes mayores como diabetes, hipertensión, ciertas anomalías congénitas que necesitarán tratamiento intrauterino.

De un paraguazo, eliminaríamos cerca del 70% o más de toda la patología con lo que la necesidad de recursos en salud bajaría enormemente. Nadie que no quiera el sufrimiento humano por estas patologías puede oponerse a este objetivo. Estar sano es mejor que estar enfermo y parece que todos coincidimos en esta ética.

No ocurre lo mismo cuando la modificación se realiza para obtener “mejores” seres humanos: mejores atletas, personas más inteligentes, más laboriosas, menos fatigables, etc.

Esto se debe a que hay una trampa en el sentido de “mejor” para estos caracteres. No se ha demostrado que los más inteligentes sean mejores. Siempre pensamos en mejores estudiantes, mejores políticos, mejores ciudadanos y se nos olvidan los Nerón, Hitler, Pinochet, la Quintrala, madame Elizabeth Báthory y miles de miles.

Un Hitler o Quintrala con el doble de la inteligencia nos aterroriza. Dice Salomón que mucho saber es mucho sufrir. La mayor inteligencia puede llevar a una persona normal a un sufrimiento inconmensurable, a la depresión e incluso al suicidio.

El error de los colegas y de todos los que así piensan es considerar a los seres humano como un conjunto de caracteres inconexos y no entender que cada ser humano ha resultado en la evolución por más de 3.000 millones de años en un ser donde su genoma, su ambiente o circunstancias y por ende todos sus caracteres resultan en un todo interactivo y armónico donde cualquier desbalance producido por la modificación artificial de alguno de sus caracteres puede redundar en mucho sufrimiento y desbalance enormes del todo armónico.

¿Por qué no seres humanos más castos, más fieles conyugales y en general más buenos o santos? Es curioso que los trans-humanistas no se hagan esta pregunta.

Dirán que los genes de la bondad no se conocen, que la bondad no es un fenotipo, y estarán en parte en lo correcto, pero por otra parte se están conociendo genes que tienen que ver con la agresividad, los trastornos morales, las psicopatías, la infidelidad conyugal, la poligamia, etc. ¿Modificaremos también esos caracteres?

Nos damos cuenta que no hay un criterio de “mejor”, a no ser que nos refiramos a las diferentes concepciones éticas que vienen de la religiones y de las ideologías.

El creer que algunos caracteres son mejores que otros, es un infantilismo irresponsable y peligroso; con las patologías no hay problema porque conocemos las alternativas sanas, pero ser un poco menos inteligente no es ninguna enfermedad ni minusvalía, podría incluso ser una ventaja en ciertos ambientes.

Es curioso que se hable del conocimiento científico y su aplicación al futuro cuando ni siquiera nos hemos hecho responsables de su aplicación al presente.

La ciencia ha resuelto todo el problema de la equidad o igualdad del ser humano y de cualquier especie y además el problema de la fraternidad del género humano.

Si tomamos dos seres humanos y analizamos sus genomas, en las regiones génicas, difieren en dos de 1000 nucleótidos; es decir la diferencia es de 2/1000, pero la repartición de la tierra, el ingreso, el poder, la información, el capital y prácticamente todo difiere en cientos o miles de veces.

Si se distribuyera la tierra, el ingreso o el capital según el genoma, el que tiene más tendría que tener 1002 y el que tiene menos 1000. En cuanto a la solidaridad o fraternidad también la realidad es que provenimos del mismo genoma y somos realmente hermanos moleculares, pero vivimos matándonos unos a otros.

Por otra parte decimos que respetamos al medio ambiente, pero ni siquiera hacemos esfuerzos por conocerlo.

De las especies terrícolas conocemos menos del 30% en Chile, de las marinas o acuícolas creo que decir que conocemos el 5% es mucho. Si no conocemos las especies que habitan en Chile no podemos cuidar el medio ambiente y la instalación de empresas que lo destruyan será la norma porque ni siquiera sabremos que lo están haciendo.

El crecimiento del régimen capitalista neoliberal es el principal factor de la desigualdad, explotación y conflicto humano, además de la destrucción del medio ambiente.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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