Era la mañana del 29 de agosto del año 1831, un físico con mala formación en matemáticas, pero dotado de la más alta inteligencia está a punto de realizar un experimento crucial en la historia de la ciencia, y por qué no decirlo, de la humanidad.
En su laboratorio de la Royal Institution de Londres, enrolla dos alambres conductores a un anillo de hierro. Uno de los alambres se conecta a una batería lo cual lo convierte en un electroimán. El otro alambre sin conexión con el primero, lo conecta a un galvanómetro, un dispositivo que mide corriente eléctrica. Entonces, la magia ocurre. Cada vez que conecta o desconecta la batería del primer alambre, una pequeña y fugaz corriente recorre el segundo alambre. "I've got it!" (¡Lo tengo!), dicen sus biógrafos que habría gritado de alegría, lo cual contrasta diametralmente con las lacónicas palabras registradas en su diario: Induce electric current from a magnet (Induce corriente eléctrica desde un (electroimán). En los siguientes días prueba distintas configuraciones. Por ejemplo, sólo una bobina (cable conductor eléctrico enrollado) contra un imán en movimiento, los resultados son positivos.
Lo que descubrió Michael Faraday es que el movimiento relativo de un imán con respecto a una bobina hace que sin mediar contacto aparezca como por arte de magia una corriente eléctrica en el cable. Hoy se conoce como ley de inducción electromagnética de Faraday.
Se cuenta que, en una demostración pública de su descubrimiento, el ministro de Hacienda británico un tanto impaciente y escéptico le consultó sobre "la utilidad práctica de su descubrimiento", a lo que Faraday habría respondido: "No lo sé, señor, pero estoy seguro de que algún día usted podrá cobrar impuestos por ello".
Los impuestos tardarían algunas décadas en llegar, pero llegarían. Resulta que todas las formas de generación de energía eléctrica a escala industrial -salvo la fotovoltaica- usan la ley de Faraday para convertir energía cinética en electricidad. En general, solo cambia aquello que provee el movimiento relativo entre imanes y bobinas. Viento, agua, vapor de agua en el caso de las energías eólica, hidráulica y termoeléctrica, respectivamente, y solo por mencionar las más conocidas.
Impresiona saber que un principio descubierto hace casi 200 años es el responsable de la electrificación del mundo ¡Qué sería de nosotros sin toda esa energía disponible!