A 90 años de la Guerra Civil Española: perspectivas chilenas

La semana pasada se estrenó en la península ibérica "Winnipeg, el barco de la esperanza", largometraje de animación dirigido por Beñat Beitia y Elio Quiroga, basado a su vez en la novela gráfica de Laura Martel. La historia relata la travesía del navío carguero francés Winnipeg, que condujo a cerca de 2.200 refugiados españoles a Chile por instancias del gobierno chileno del presidente Pedro Aguirre Cerda y su cónsul, Pablo Neruda. Aunque es contada en la piel de un padre y su hija que aspiran a reencontrar su libertad al sur del mundo, afrontando pérdidas y sobretodo sin dejar atrás sus recuerdos.

La película coincide con la conmemoración de los 90 años del inicio de la Guerra Civil Española, que por casi cuatro años asoló a dicho país, con cálculos que oscilan entre 400 y 500 mil muertos, y que comenzó mediante un golpe de Estado, llamado "alzamiento nacional" por el grupo de generales conjurados quienes lo habían preparado desde al menos los 3 meses anteriores.

El conflicto tuvo un temprano perfil internacional -con Orwell o Hemingway combatiendo por una parte o la Legión Cóndor del III Reich por otra- con participación de nuevas potencias (la Alemania nazi, la Italia fascista, la Unión Soviética), la ausencia/pasividad de las democracias occidentales, y una gran cantidad de brigadistas internacionales provenientes de distintos países.

Ese contexto también explica el gran interés temático en Chile, con reverbero tanto en la política como en la opinión pública nacional. El historiador Joaquín Fernandois apuntó que en la época "hubo una guerra civil paralela en Chile, que dividió a los espíritus en forma parecida" a la acaecida en la península ibérica.

No podía ser de otro modo, la impronta europea y española era fuerte en el Chile de los años '30 que había experimentado la mayor crisis nacional por la depresión global de 1929 y había visto la caída de la dictadura de Ibáñez en 1931: en octubre 1933 se fundó la Falange Española como respuesta de corte corporativista fascista contra las políticas reformistas radicales del gobierno de la Segunda República de Manuel Azaña. Apenas pasaron dos años para que apareciera en Chile una Falange Nacional con un grupo de militantes de la juventud conservadora, aunque con ideas corporativistas de la tercera posición de la encíclica "Quadragesimo Anno", de la experiencia española del régimen primoriverista (1923-1930). Antes, en abril de 1932, aparecía un Movimiento Nacional Socialista Chileno, o Partido Nacista (con c), con su propia interpretación corporativista fascista y en fuente conexión con el exdictador Ibáñez. En ese clima no extraña que tan solo un mes después que aparecieron en Francia y España los frentes populares (enero de 1936) con un fuerte contenido antifascista, su símil chileno hiciera la suyo. El ambiente se había predispuesto para tomar partido en la guerra civil española.

En la actualidad, la atención de la historiografía nacional por dicho acontecimiento prosigue. Son conocidos los trabajos acerca del papel de los intelectuales chilenos y vínculos españoles de los poetas Pablo Neruda y Vicente Huidobro, así como la poetisa Gabriela Mistral.

En el campo de la revisión de prensa y sus posicionamientos propagandísticos en el marco de la guerra civil hispana están los estudios de Pablo Sapag, académico de comunicaciones de la Universidad Complutense y Juan Luis Carrellán, chilenista andaluz y profesor de la Universidad de Sevilla. En sus trabajos se pueden advertir las posturas políticas desencontradas a través de las páginas de El Mercurio, La Nación o el desaparecido Diario Ilustrado.

También, y precisamente uno de los refugiados del Winnipeg, Leopoldo Castells calculó en 41 a los chilenos participantes de las Brigadas Internacionales. Otros ejercicios datan el alistamiento entre 50 y 60 nacionales, aunque también agregan un desglose, con un tercio enrolándose en las filas sublevadas.

Respecto del exilio español en Chile, aunque fue menos numeroso que el que arribó a la Argentina o tan resonante como el de México, donde el gobierno de Lázaro Cárdenas recibió a su análogo en el exilio, tuvo un claro punto de inflexión en el mencionado barco la temática va más allá. La catedrática de Historia Contemporánea de la Universidad de Huelva Encarnación Lemus, especialista en el tema, releva además otro grupo masivo del sector contrario, los dos millares de partidarios de los sublevados en la embajada de Chile en Madrid hacia 1937, y posteriormente en la misma legación los 17 republicanos que ingresaron a la legación nacional en 1940.

El primero, aunque con menor eco público que la travesía del Winippeg, por su sola cifra de 2.000 personas partidarias del bando franquista asiladas en una embajada, ha causado provocativas reflexiones y debates entre historiadores como Cristián Garay, Javier Rubio, Antonio Moral, Elena Romero, Sara Núñez de Prado, Carlos Píriz y recientemente Juan Luis Carrellán.

Para quienes quieran adentrarse en el tema la lista de especialistas españoles es tan dilatada que puedo dejar a alguien fuera, aunque sugiero dos autores de habla inglesa quienes dedicaron parte importante de su carrera a la temática y que sintetizan un espléndido contrapunto: Stanley Payne y Paul Preston.

Finalmente, concluyo con tres películas de la materia que me parecen imperdibles: "Soldados de Salamina" (2003, David Trueba), basada en la novela de Javier Cercas que cuenta la historia de una escritora en busca del falangista Rafael Sánchez Mazas, supuestamente fue fusilado, aunque con evidencia que logró escapar. "La Trinchera Infinita" (2019, Jon Garaño, Aitor Arregi y José Mari Goenaga), inspirada en una historia real, cuenta la lucha de una pareja por la sobrevivencia al miedo. Finalmente, tal vez mi favorita "Mientras dure la Guerra" (2019, Alejandro Amenábar) que rescata el incidente del salón de honor de la Universidad de Salamanca cuando el intelectual vasco Miguel de Unamuno se enfrentó a los partidarios del nuevo régimen franquista con su inolvidable "vencer no es convencer".